Cuestión de jerarquías

—Mi ruina, este asunto va a ser mi ruina. ¿Sabe usted cuánto me queda para retirarme y poderme dedicar a lo que me gusta, navegar en mar abierto y no en este estanque de mierda? Un año, Sopena, un año. Y quiero pasarlo sin que, como hoy, me den los buenos días por teléfono desde las más altas instancias.

—¿El Almirante General?

—Más arriba.

—¿El Presidente de Ibercaja?

—Más.

—No me diga que ha hablado con la Directora General del Heraldo… —ahora mi sorpresa no es fingida.

—Déjese de seguir el escalafón, Sopena. He dicho las más altas instancias, y con ello me refiero al Presidente del Consejo de Notables.

—¿El biministro?

—Por fin, coño, que parece usted tonto. El biministro en persona y hecho una furia, aunque su educación y cargo le obliguen a moderar sus impulsos, claro.

Joder, joder, joder, que esta vez se me ha ido la mano. El biministro, el hombre que asumió la alcaldía en un momento vital y convirtió la ciudad en lo que ahora es. El hombre al que tanto se criticó cuando yo era un niño por poner cuatro barcos a navegar por el Ebro y dijo: «¿No quieres taza? Pues toma dos». Y se sacó de la manga el llamado Plan de Navegabilidad Integral, para alegría de las constructoras y estupor de los ciudadanos en general, logrando que fluyera el agua a borbotones por la mayoría de las calles de la ciudad pocos años después de clausurada la Expo.

El hombre cuya estatua —quince metros de altura sobre el nivel de las aguas, incluido el pedestal— ocupa un lugar preferente en la confluencia del río Huerva con el Gran Canal que lleva su nombre.

Fragmento de Cuestión de galones

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s