17 años después, Lisboa vuelve al papel


En junio de 2000 se ponía a la venta mi primera novela, una historia que había comenzado a escribir tres años antes (veinte ya, qué barbaridad): El último avión a Lisboa.

A pesar de no pretenderlo, a pesar de que todavía no estaba volcado al 100 % en el género criminal, la cabra tira al monte y, sobre todo en su segunda mitad, la novela fue adquiriendo tintes negros o, al menos, de un gris muy oscuro.

La editorial desapareció, cuenta la leyenda que la edición se agotó y es ya difícil encontrarla en librerías ni siquiera de segunda mano. Es por eso que, hace unos años, quise darle una segunda vida, esta vez digital, a través de la editorial Literaturas com Libros (en la que puedes encontrar igualmente el resto de mis novelas en formato ebook), para la que reescribí la novela de principio a fin: el mismo fondo, la misma historia, los mismos personajes con sus mismas relaciones pero adaptada a mi nueva manera de ver las cosas y, sobre todo, corrigiendo esas carencias literarias que tenía la primera versión y que el editor, en su momento, no supo o quiso ver.

Pues bien, consciente de que todavía hay muchos lectores que prefieren lo físico a lo inmaterial, 17 años después de esa edición original, 20 después de su concepción, Lisboa, mi Lisboa, vuelve al papel aprovechando las posibilidades de la impresión bajo demanda, a un precio que considero muy razonable (10 eurillos, un par de copas en un bar barato) y al alcance de un clic de ratón.

En cuanto a las virtudes de la novela, no diré nada al respecto, simplemente me permito enlazar lo que en su día comentó sobre ella David Gómez en su blog Cruce de caminos o Marta Marne en el imprescindible Leer sin prisa.

Y ahora, si te apetece, no tienes más que seguir este enlace y hacerte con un ejemplar que te llegará a tu domicilio en 4 o 5 días. Por supuesto, el ebook sigue estando disponible para que puedas elegir según tus preferencias.

¿Me acompañas en este viaje a Lisboa?

De magufos y riñones extirpados: “El costado derecho”, de Francisco Bescós


Lo que tienen las malas rachas es que uno sabe cuándo comienzan pero jamás cuándo van a llegar a su fin. La de Carlos Nogueroll comenzó en el momento en su mujer, Ángela, le obligó a deshacerse de su Honda CBR 900 -“date cuenta, cariño, que tienes un hijo y tu hijo no te necesita muerto y, todavía menos, paralítico de por vida”- al tiempo que la Thermomix entraba en su hogar.

Con esas premisas, lo menos que te puede pasar es que, siendo constructor, te pille de lleno la burbuja inmobiliaria y pierdas el negocio, te separes de la mujer y pierdas la casa y el hijo, comiences a trabajar en la sección de materiales de construcción de Leroy Merlin y pierdas un riñon por un error médico cuando lo único que pretendías es que te eliminasen unas piedrecillas de nada.

¿Se puede perder algo más en esta vida? Pues sí, la cordura, algo que puede suceder si tienes un compañero magufo dispuesto a convencerte con “pruebas irrefutables” de que, de error, nada. De que si te han pagado una indemnización sin discutir es porque no les interesa ir a juicio y que se descubra todo lo que hay detrás de una trama criminal que llega desde las entrañas del CSIC hasta la probadísima colaboración con entes extraterrestres. De que deberías averiguar todo lo posible acerca de la identidad del afortunado receptor de tu sanísimo riñón.

Francisco Bescós (VIII Premio Internacional Ciudad de Carmona con El baile de los penitentes) desarrolla en El costado derecho una historia francamente original, triste en su fondo por todo lo que supone el drama que sufre Nogueroll (y todos podemos ser un poquito noguerolles en estos tiempos de precariedad absoluta que nos ha tocado vivir) pero divertida por la forma en que está contada (o porque en España somos especialistas en reírnos de nuestras desgracias), surrealista por momentos, melancólica en los recuerdos de juventud del protagonista, cercana a la locura cuando éste se plantea que el trasplante de un órgano puede derivar en el trasplante de una personalidad, de lo que siempre quisiste tener y alguna vez tuviste, un descenso a los infiernos que adquiere toques de thriller (o algo así) sobre todo en su tercio final, cuando a cada paso que da Nogueroll más cosas se derrumban a su alrededor hasta el cataclismo final y solo tiene algo a lo que aferrarse: un simple cutter comprado en la sección de ferretería de la tienda en la que trabaja.

Queda algo más no obstante: la luz, la luz siempre al final del túnel.

Queda esperanza. Al menos con eso me quiero quedar de esta impecable segunda novela de Francisco Bescós.

Un Big Data para controlarlos a todos (los libros)


540 puntos de venta transmitiendo diariamente sus datos de ventas y stocks a una gran base de datos, que se cruzarán con los datos de CEGAL para que los editores accedan a información acerca de las ventas de sus títulos, de los títulos de la competencia, de dónde se venden mejor, de si es necesaria una reimpresión, de qué ventas está obteniendo el autor al que le gustaría fichar para su empresa… Lo dicho:

Una Red para gobernarlos a todos (los libros). Una Red para encontrarlos.
Una Red para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.

http://www.cegal.es/librired/

Montalbacina: “Prescribir en caso de aburrimiento, apatía o astenia primavero-criminal”.


Las novelas de Andrea Camilleri deberían llevar, en la faja promocional que suele acompañarlas, la siguiente leyenda: “Prescribir en caso de aburrimiento, apatía o astenia primavero-criminal”.

Al menos, a mí la medicación me funciona de maravilla y constituye el mejor remedio para aquellos momentos en que me encuentro saturado del género, aburrido de leer siempre lo mismo, agobiado por la cantidad de lecturas pendientes -y con las que me siento comprometido- y que, vete tú a saber por qué, no me apetece acometer.

Y es curioso lo que acabo de escribir de “aburrido de leer siempre lo mismo”, porque con Camilleri -con Montalbano en realidad- se trata de combatir la enfermedad con una especie de vacuna, es decir, mediante la inoculación de una pequeña dosis -algo más de doscientas páginas- del propio virus.

Lee mi reseña completa en Calibre .38

Me gusta el fútbol, la heterodoxia… y la novela negra


Aunque esté mal decirlo, soy autor de dos novelas de género criminal -probablemente ahora se adscribirían a la corriente domestic noir– protagonizadas por una florista que tiene, como segunda actividad, la de suicidar a clientes que contratan sus servicios por no ser capaces de quitarse la vida por sí mismos. Otra de mis novelas del mismo género está ambientada en una Zaragoza navegable en el años 2041. Si te pica la curiosidad, aquí tienes más información al respecto.

Disfruté como un loco con Morir no es tan fácil, de Belinda Bauer, uno de cuyos narradores es un enfermo en coma que ve cómo su compañero de habitación es asesinado por el médico que debería cuidar de su vida. También con Sorry, de Zoran Drvenkar, en la que cuatro amigos que deciden montar una agencia para hacer lo que a mucha gente le resulta francamente difícil: pedir perdón. Con Mi nombre era Eileen, de Otessa Moshfegh, un bombazo del que hablaremos pronto y bien. Y con las novelas de Alexander McCall Smith protagonizadas por Mma Ramotswe, la primera detective de Botsuana. Con Hambre a borbotones, con una familia de caníbales como protagonistas absolutos. Con las novelas de Carlos Salem, con las de Donald Westlake protagonizadas por el bueno de Dortmunder, con las de Leif GW Persson -el único escritor sueco y vivo que demuestra que el frío no es incompatible con el sentido del humor-, con las novelas de corte oriental de Keigo Higashino, Natsuo Kirino o Masako Togawa

Y, sin embargo, todavía hay quien sin conocerme se atreve a decir que soy un ortodoxo de la novela negra, que no me gustan las autoproclamadas nuevas damas del crimen -todas ellas televisivas y que, inevitablemente, lo petarán en Sant Jordi- porque soy de gustos clásicos.

Pues bien, añadamos otra novela tan ortodoxa como las anteriores para ver si así empiezan a conocerme mejor -tampoco me importa mucho, por otra parte-, llegada de Argentina, candidata al Hammett en 2014 y editada ahora por la sevillana Barrett (en homenaje al más sicodélico de los Pink Floyd): El último milagro, de Horacio Convertini.

“El Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más populares de Argentina, se encuentra en crisis terminal y a punto de descender a segunda división. Para salvar la situación, una empresa japonesa se ofrece a implantarle un chip a Franzoni transformándolo en el mejor jugador del mundo, superando a Messi y Maradona juntos, ya que puede ser controlado desde la grada por el campeón mundial de PlayStation. Todo envuelve a sus personajes en una trama sangrienta llena de intriga, lo que hace de esta novela un inquietante exponente del género negro.”

¿Qué? ¿Ortodoxa, también?

Pues hale, si quieres conocer mi opinión sobre tan estupenda novela que no debería pasar desapercibida -y que si tú sí, me conoces, comprarás sin duda- no tienes más que leer mi reseña en Calibre .38.

Y disfrutar de la novela, que seguro lo vas a hacer si eres tan poco clásico como yo.

 

Mis 44 intensas horas en Tenerife Noir


Hora y media de AVE Zaragoza-Barcelona, cercanías al Aeropuerto, lanzadera de la Terminal 2 a la 1, control de seguridad, tres horas de vuelo leyendo la novela Mientras mueres (cuidando de ocultar el título a los pasajeros que se sentaban a mi lado, no me fueran a salir supersticiosos) para disfrutar -y de qué modo- de 44 horas (ni una menos) del Festival Atlántico del Género Negro Tenerife Noir.

Viejos conocidos, nuevas amistades, una presentación, tres mesas redondas, una comida-deliberación del Premio Ciudad de Santa Cruz, varios premios fallados… ¿Intenso? Sí, y excelente experiencia, desde luego.

Te la cuento en mi crónica para Calibre .38.

José Juan Martínez Gómez, mucho más que el atracador del Banco Central


“No me quejo de mi suerte ni guardo rencor a nadie, sobre todo porque no sirve para nada, pero es hora de que cuente algunas cosas, a la vez que cuento parte de mi vida… No solo he sido el cerebro del atraco al Banco Central.”

58 años de edad y 41 de ellos metido entre rejas dan para mucho más que un libro que se centre en un solo atraco, por mucho que éste sea el cometido en el Banco Central en Barcelona en mayo de 1981, por mucho que se haya especulado sobre el contenido de un maletín que salió -gracias a ese atraco- de la caja 156 de la citada entidad.

Esto es lo que se dijo Juan M. Velázquez cuando, en el transcurso de una charla impartida en la prisión de Martutene, uno de sus inquilinos se le presentó con una enciclopedia abierta por una página concreta y le dijo, con cierto orgullo: “Éste de la foto soy yo”.

¿Y quién era ese “yo”? Descúbrelo en la reseña publicada en Calibre .38 de esta estupenda biografía novelada.

Yo de mayor quiero ser instagramer


Pues nada, que dos añitos exactamente se cumplen hoy desde el día en que asomé la patita por primera vez en la última de las redes sociales que he ido probando en la última década aproximadamente: Instagram.

Con cierto despiste al principio, sin saber por qué me metía en una red que ni permitía compartir contenidos de otros usuarios ni pegar enlaces a blogs o webs. Una red a la que -pudor y falta de fotogenia lo impiden- no pensaba ni de coña subir selfies o similares, tampoco fotos gastronómicas y, solo muy de vez en cuando, alguna que otra imagen que permitiera a mis seguidores saber dónde me encontraba en ese preciso instante.

Poco a poco, la red que al principio me parecía “una tontá” se ha ido haciendo un huequito en mi agenda cotidiana y trato de subir al menos una imagen al día, habiendo encontrado el tema ideal para mí que no podía ser otro que el de los libros, las lecturas, los lectores y, en algunos casos, el cine, hasta el punto de que en la actualidad es una de mis favoritas y a la que dedico cada día más tiempo y con mayor agrado. Yo de mayor, sí, quiero ser instagramer.

Dos años, 27.605 likes, 1.099 comentarios, 806 seguidores y 329 seguidos para 1.073 publicaciones, de las cuales, en este aniversario, rescato las que más repercusión han tenido hasta la fecha. Espero que os gusten.

Contradicciones espacio-temporales: Dennis Lehane en Barcelona y yo en Zaragoza, con Dennis Lehane y un gintonic para pasar esta tarde lluviosa. Sinopsis: Antes de que la adaptación cinematográfica de Mystic River lo lanzara a la fama, Dennis Lehane ya se había afianzado como uno de los autores más destacados del género negro gracias al ciclo de los detectives bostonianos Patrick Kenzie y Angela Gennaro. Sin embargo, ha sido en la última década cuando su enorme talento para desarrollar historias de gran tensión y complejidad psicológica le ha procurado un aluvión de premios y ha convertido sus novelas en una inspiración constante para Hollywood, hasta consagrarlo definitivamente con series tan prestigiosas como «The Wire» y «Boardwalk Empire». Sin duda, no hay en la actualidad ningún escritor que retrate con mayor verosimilitud el mundo de los gángsters en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, y esta electrizante novela —que cierra la trilogía de Cualquier otro día y Vivir de noche— es la mejor prueba de ello. Padre de un niño de diez años al que adora, el antaño todopoderoso Joe Coughlin casi ha logrado cortar amarras con su turbulento pasado, aunque no del todo, pues ejerce de consejero del importante clan mafioso de los Bartolo. Pese a ello, lleva una vida más o menos tranquila hasta que dos hechos inquietantes vienen a perturbarla: la aparición del fantasma de un chico que le resulta vagamente familiar, y, mucho más grave, el soplo de que alguien ha puesto precio a su cabeza y planea matarlo durante el Miércoles de Ceniza. Así pues, entre su tarea de mediador entre clanes mafiosos al borde del conflicto y sus pesquisas para descubrir quién quiere acabar con él, Joe se verá retrotraído a los viejos tiempos, aquellos años de traiciones y venganzas, bañados en sangre, donde cada día podía ser el último. Y es que tal vez haya llegado al fin la hora de pagar por sus pecados. #libros #books #lecturas #novelanegra #dennislehane #instabooks

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Cuatro novedades de una tacada esperándome en casa. Las cuatro con una pinta estupenda. Vamos con la primera. Un violador acecha a las mujeres en el cementerio de Antofagasta. Las víctimas declaran haber sido arrastradas al interior de un mausoleo por un sujeto de voz aterradora y que huele a muerto. Para encontrar al culpable es contratado el Tira Gutiérrez, único investigador privado de la ciudad que hasta ese momento solo se ha dedicado a resolver casos de infidelidades; un detective por correspondencia, ex minero que al verse desempleado opta por dedicarse a su pasión secreta: resolver crímenes. En este caso es asistido por la hermana Tegualda, una joven religiosa que, bajo su ropa de penitente, tiene más sensualidad y habilidades deductivas de las que ni ella misma se imagina. Crítica: «Hernán Rivera Letelier es una de las voces más originales de la nueva narrativa latinoamericana.» El Mundo «Hernán Rivera Letelier es un fabulador nato.» J. Ernesto Ayala Dip, Babelia «Rivera Letelier vuelve a convertir el salitre chileno en oro literario.» Manuel de la Fuente, ABC «Un caso extraordinario lleno de giros inesperados.» Las últimas noticias «Una de las figuras más interesantes de la literatura chilena.» Revista Ercilla «Por primera vez y después de muchos años, algo nuevo y original en la literatura latinoamericana.» Le Magazine Littéraire «Rivera Letelier promete humor y una fuerte intensidad de sentimientos, que se reflejan en la decadente percepción de la belleza y de lo terrible.» Der Spiegel «Fiel a su estilo y narrativa, Hernán Rivera Letelier incursiona en lo policial con La muerte es una vieja historia sin perder su toque.» Lifestyle #libros #books #lecturas #novelanegra

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Pues anda que no se está bien aquí leyendo ni na… #marlonbrando #cine #film #lectores #lecturas #books #libros

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“El imperio de los leones” o de cómo expandir un negocio criminal allende las fronteras


el-imperio-de-lo-leones-sebastic3a0-bennasarDecíamos ayer que había arrancado mi año literario con tres lecturas estupendas protagonizadas por el lado más oscuro del crimen. La primera de ellas, esta apuesta de Sebastià Bennasar por la novela de no ficción de la que sale más que airoso con la narración del nacimiento, crecimiento y expansión de uno más de los clanes lioneses nacidos en los 70 y que vieron en la Costa Brava un escenario ideal para ampliar sus negocios.

Dos páginas brutales para empezar que ya ponen al lector en guardia, que le advierten de que lo que vendrá a continuación contendrá violencia (siempre justificada, al menos desde el punto de vista del delincuente), acción y pocos miramientos en una estupenda novela que podría basarse en hechos reales como la vida misma y que recorre la historia de algo más de tres décadas de un grupo mafioso manejado con mano de hierro.

Una estupenda novela, repito, que me animó a volver a ver una no menos estupenda peli, Los lioneses, de Olivier Marchal y que reseño como merece en Calibre .38.

 

27 días, 3 lecturas del lado más oscuro de la novela negra


27 días de enero que se saldan con cuatro lecturas de género negro y, con la excepción del incombustible Montalbano, esta vez más joven que nunca, todas ellas reflejando mi cara favorita de la novela negra, el lado oscuro, aquel en el que los protagonistas absolutos son quienes deben serlo, no quienes resuelven los delitos sino quienes los comenten (sin ellos, evidentemente, no habría caso, ni investigación ni novela que valga).

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Empecé el año con un novelón -basado en hechos reales- firmado por Sebastià Bennasar, de quien ya había leído El país de los crepúsculos pero que me convence mucho más con esta historia de un clan lionés que hizo de las suyas primero en su ciudad natal -o de residencia, que algunos de sus miembros habían nacido en la Francia argelina- y, posteriormente y por aquello de la internacionalización del crimenn de la globalización como ahora se dice, saltaron fronteras y expandieron su modelo de negocio hacia el sur -Costa Brava fundamentalmente- y nordeste, hacia esos países que se sacudieron décadas de comunismo para arrojarse presurosos a los brazos del capitalismo más feroz.

Estupenda novela la de Sebastià que me animó a completarla con una peli, Los lioneses, de Olivier Marchal.

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Para seguir en racha, Alcohol de 99º, novela de Manu López Marañón -compañero en Calibre .38 a quien ya tenía ganas de leer- que hace un recorrido por 23 años de tumbos de un trío residente en Bilbao, con aspiraciones de conocer Liverpool por razones presuntamente familiares de uno de ellos -todo un hallazgo este curioso episodio narrado por Manu- y que termina sus días en la Barcelona de los 80, entre barrios góticos, ravales, ramblas, puticlubs, restaurantes de lujo y palos a sucursales bancarias. Una narración preciosista en la que destaca el buen ritmo que la conduce de principio a fin y que supone la demostración palpable de aquello que cantaba el bueno de Rubén Blades, eso de que “si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos”.

rubio

Y cierro el mes de la crook storie con la biografía novelada de la vida de José Juan Mártinez Gómez -a quien muy pocos llamaban El Rubio porque nunca le gustaron los apodos- y conocido internacionalmente por ser el atracador del Banco Central de Barcelona en 1981, aquel robo que supuso -dicen- la desaparición de un maletín guardado en la caja 156 de la entidad y que -dicen también- contenía documentación comprometedora relativa al intento de golpe de Estado de tres meses antes.

Pero como dice Juan M. Velázquez, autor de este estupendo libro, la vida de un tipo que se pasa entre rejas 41 años de los 58 que tiene en el momento en que le conoce en Martutene da para mucho más que hablar de un solo atraco, da para hablar de un hombre que hizo del robo su profesión, su razón de ser, su deseo de aventura y que siempre, siempre, asumió sus condenas como consecuencia lógica del trabajo que eligió desde su más tierna infancia.

perro

Tres excelentes libros, todos ellos auténticamente criminales. Pero no termina aquí la cosa, que el próximo que me espera sigue la misma línea: Matar a otro perro, del polaco Marek Hłasko. De todos ellos, por supuesto, iremos dando buena cuenta en las páginas de Calibre .38.

Esperemos salir con bien de tanto crimen y ya veremos cómo se plantea febrero. De momento, no puedo quejarme del arranque del año.