Vuelve Mejías más Quijote que nunca: “El jardín de cartón”, de Santiago Álvarez


Cubierta_El Jardín de Cartón_26mm_260916.indd“Se pasaba las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio de tal manera que del poco comer y mucho leer se le vino a secar el cerebro ”

Decíamos ayer -y quien dice ayer dice hace casi dos años-, al reseñar La ciudad de la memoria, primera novela de Santiago Álvarez, que su protagonista, Mejías, respondía a la perfección a ese cliché que dice que el detective clásico es una reencarnación del Quijote con todas sus consecuencias. En concreto, en reseña publicada en febrero de 2015, se puede leer:

“Y como su idolatrado Marlowe, como el dios Bogart que ilumina su camino desde el cartel cinematográfico que preside su domicilio-despacho, Mejías es ese Quijote empeñado en desfacer entuertos por amor al arte o, en su defecto, por sentido romántico de la justicia; el detective que sigue adelante con su investigación aun cuando nadie le pague ya por ello, incluso a partir del momento en que, sus clientes, deciden que el encargo ha finalizado”.

Pues bien, casi dos años más tarde vuelve Mejías -Vicente a su pesar- más Mejías o más Quijote que nunca pues, a su afán por meterse en líos que no le incumben y embestir molinos que no gigantes, se le puede añadir la frase con que arranco esta reseña sustituyendo “mucho leer” por “mucho ver” cine negro de los años cuarenta.

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Normalidad frente a impostura: “Las pequeñas mentiras”, de Laura Balagué


mentirasHace ya mucho tiempo, demasiado, que desde los anaqueles y mesas de cualquier librería, decenas de policías nórdicas, rubias, jóvenes y atractivas, con un gusto exquisito para la música o el vino y un pasado oscuro que las tiene medio traumatizadas están pidiendo a gritos que las adoptes en tu seno y disfrutes de tramas presuntamente adictivas, hipnóticas, llenas de vísceras y asesinos en serie descerebrados. Por eso, es una auténtica delicia hacerle un hueco a una mujer normalita, rondando los cincuenta, ni guapa ni fea ni alta ni baja, con dos hijos adolescentes -que ya es bastante jodido como para buscarse traumas de la infancia- y casada con un señor que comienza a echar barriga al tiempo que pierde buena parte de su otrora frondoso cabello.

La señora en cuestión es la oficial de la Ertzaintza Carmen Arregui, natural de Legazpi y con destino profesional en una desapacible San Sebastián de principios del invierno, a un pasito de la Navidad. El marido, Mikel, profesor de física con quince días de vacaciones por delante mientras Carmen se queda sin festivos por culpa del asesinato de la rica propietaria de una peletería del centro de la capital donostiarra, cuyo cuerpo ha aparecido en su establecimiento rodeado de abrigos de pieles pintados de rojo.

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Cinco horas con Ricardo


MANDA FLORES 1Teresa Suárez

Nuevamente la vieja, y siempre renovada, sensación que experimento cada vez que abro un libro de esos que transforman mi Comunidad en una auténtica Mancha Negra, que diría mi amigo Juan…..

Este fin de semana el otoño, por fin, llegó a mi achicharrada ciudad: “Un golpecito en el cristal, como si hubieran tirado algo; luego, un caer ligero y amplio, como de granos de arena lanzados desde una ventana de arriba, y por fin, ese caer que se extiende (…) adopta un ritmo y se hace fluido, sonoro, musical, incontable, universal: llueve”. ¡Nadie como Proust para describir percepciones sensoriales!

El sonido de las gotas cayendo sobre las calles empedradas invita a los desacostumbrados toledanos a quedarse en casa, presos de esa somnolencia que cada cual sobrelleva como mejor sabe y le apetece.

Tiempo para el disfrute hedonista que yo decidí emplear en tener una aventura con mi jefe. Tópico lo sé, pero que quieren que les diga, una no es de piedra y cuando un hombre le manda flores, aunque sea a su entierro, no puede evitar sentirse halagada.

Y aquí me tienen, tendida en mi sofá cual larga soy, buscando esas mariposas en el estomago que dicen que se sienten cuando inicias una nueva relación con la que te encuentras muy ilusionada.

Al morbo, que lo hay y mucho, ha contribuido seriamente el señor López Marañón, miembro de la banda, quien en una de sus primeras colaboraciones para Calibre 38 escribió unos elogios tan encendidos de novela y autor que despertó en mi esa vieja del visillo (como buena castellanomanchega constituye una de mis múltiples personalidades por más que reniegue de ella) que me lleva a advertirte: Ricardo cuidadico conmigo porque voy a pillarte.

Para conocer el argumento lo mejor es que lean la reseña de mi compañero Manu y así podré centrarme en las sensaciones que la lectura de Manda flores a mi entierro me ha provocado.

Si tuviera que explicar lo que es esta novela no utilizaría expresiones como dejarse llevar por el entusiasmo, vibrante resolución del caso o esta visita dinamita la trama del libro por los cuatro costados. Además de encontrarlas excesivas, creo que dan la imagen de una historia que se desarrolla a un ritmo frenético cuando, en mi opinión, es todo lo contrario. Yo la encuentro contenida y deliberadamente lenta, probablemente para diferenciarla de esas otras en las que la acción se mide por el número de balas o cuchilladas con las que el asesino de turno deja su impronta en unos cadáveres que se cuentan por capítulo y, en ocasiones, casi por páginas.

De este libro, que nos habla de Zaragoza, sus calles, costumbres, clase sociales y, entre líneas, del trovador que narra la historia, coincido con Manu en destacar el interés del autor en crear un universo propio, una atmosfera patria que haga más cercano, y por tanto más creíble, el conjunto.

Pero yo sigo con la mía, porque a cada palabra, a cada giro, me pregunto ¿se llega a conocer a una persona través de lo que escribe? Puede que sí o puede que no. Voy a arriesgarme a elaborar un perfil criminal de este cronista de sucesos turbios (no nos conocemos personalmente pero mantenemos correspondencia electrónica desde hace tiempo) con el que acabo de intimar por vía lectora.

A través de Manda flores a mi entierro intuyo un hombre solitario que se empeña en ser sociable por necesidad o cordura. Un tipo serio que libera su retranca solo en confianza.

Su afición por esas exuberantes bibliotecarias, cuyas imágenes suele colgar, muestran su gusto por unir aficiones y placeres, todo sea por la causa.

Sutilmente intenso, se muestra como un hombre apegado a la tierra, amante de la familia y añorador de tradiciones casi obsoletas.

Un silencioso pensador que se truca en hablador cuando la ocasión, y sobre todo la compañía, invitan a ello.

¿El mayor mérito de Manda flores a mi entierro? Creo que su ambientación. Narrar la trastienda criminal de tu propia ciudad, si nunca has entrado en ella, y sin dejarte llevar por tentadoras veleidades sangrientas que distraigan la atención del lector de las posibles carencias del relato, es complicado porque los crímenes son algo que siempre ocurre lejos, en otro lugar y a otras personas.

¿Es entretenida? Sí.

¿Un defecto? En ocasiones los toques de humor resultan forzados.

¿Se trata de una novela escrita en estado de gracia? No me atrevería a decir tanto.

Ahora vas y lo cascas.

Un thriller de manual: “El Club de los Mejores”, de Arthur Gunn


mejoresCerdán se viste de Arthur Gunn, abandona esa línea más canónica del género negro característica de otras de sus novelas –El país de los ciegos o Cien años de perdón, sin ir más lejos- y nos regala un thriller de manual, uno de esos libros en los que las páginas pasan solas y que consiguen que, una vez comenzada su lectura, te arrepientas de tener perro que pasear o niños a los que alimentar cuatro veces al día.

El Club de los Mejores no da tregua al lector: arranca fuerte, con una puesta en escena muy poderosa -noche ya cerrada, típica casa americana sita en las afueras de una gran ciudad, alguien que golpea la puerta…- y mantiene el ritmo y la tensión a lo largo de las algo más de cuatrocientas páginas que transcurren en un suspiro. Que nadie espere detalladas descripciones o divagaciones cuyo objeto único es engordar la trama sin ofrecer nada a cambio salvo unos cientos de páginas más hasta llegar a esas 600 que tanto gustan a muchas editoriales. No, Arthur Gunn sabe cómo se construye una obra de estas características y se aplica a ello a conciencia, consiguiendo un resultado altamente satisfactorio en todos sus aspectos.

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Un autor felizmente reeditado: Charles Williams y “El arrecife del Escorpión”


arrecifeSi hay un autor de novela negra injustamente olvidado, ese no es otro que Charles Williams, texano de nacimiento y marino de vocación hasta el punto de hacer del mar el escenario -además de ser un personaje más- recurrente de su obra, un curioso y exótico contraste cuando el común de los lectores asocia el género al entorno más puramente urbano.

Entre los títulos más conocidos de su producción destacamos, obviamente, El arrecife del escorpión, publicada originalmente en 1955 y reeditada felizmente ahora en España por Medianoche Editorial. Otros títulos del autor que merecerían volver a salir a la superficie son, por ejemplo, Dead Calm (Mar calmo en España, en edición de Tiempo Contemporáneo de 1963) o The sailcloth Shroud (publicada en la mítica Biblioteca Oro de la editorial Molino en 1961 con el título de Por mortaja una vela). Al tiempo.

Recibo con alegría, pues, la iniciativa de esta editorial de recuperar la obra de un autor perteneciente a la segunda hornada de escritores de novela negra, a la altura de los Jim Thompson, James M. Cain, Horace McCoy o Ross Macdonald.

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¿La capital del mundo? Bilbao, off course


bilbaoErtzainas, cocineros, profesores de universidad, jerarcas del partido (y cuando digo partido digo PNV, claro), jueces, cirujanos plásticos, programadores culturales del BBVA, alcaldes, directores de empresas públicas, etarras arrepentidos y de los otros… Nadie, nadie en Euskadi o incluso Euskal Herria si me apuran se libra de la mirada mordaz y la lengua viperina de Ricardo Malpartida, detective privado que ya desde el nombre, qué quieren que les diga, me ha caído bien.

Gonzalo Garrido, quien ya diera un buen repaso a la sociedad bilbaína de principios del siglo XX en la excelente Las flores de Baudelaire, se queda ahora en el Bilbao contemporáneo para ponerlo patas arriba en su última novela, La capital del mundo, cerca de 300 páginas de puro disfrute, de investigación calmada pero sin pausa en la que autor y detective no dejan títere con cabeza en la bien y malpensante sociedad vasca.

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Culinaria y criminal: “Recetas para amar y matar”, de Sally Andrew


recetas-para-amar-y-matar-sally-andrewYa desde su portada, esta novela de Sally Andrew llamó poderosamente mi atención al tiempo que me predisponía a su favor. Los prejuicios positivos es lo que tienen.

Su título, Recetas para amar y matar, me sugería originalidad, algo escaso en los tiempos que corren en los que se repiten los personajes y argumentos de una novela a otra hasta llegar a aburrir.

Su colorida cubierta me recordaba a aquellas de las novelas de Alexander McCall Smith protagonizadas por Mma Ramotswe, la conocida como primera detective de Botsuana, una serie con la que disfruté en su día por la mezcla de costumbrismo e ingenuidad un tanto naïf que desprendían tanto las tramas como los personajes.

Y la sinopsis editorial, lo siguiente que uno mira antes de adentrarse en la lectura en sí, me resultaba sumamente atractiva, con una protagonista, Tannie Maria, dedicada a la confección de recetas de cocina para un periódico local que, de la noche a la mañana y por aquello de los intereses editoriales, se ve reconvertida en consultora sentimental al más puro estilo Elena Francis.

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No hay dos sin tres: “Una primavera de perros”, de Antonio Manzini


Una primavera de perros_135X220Afortunadamente, no hemos tenido que esperar más de seis meses para seguir recibiendo noticias de este romano desterrado al Valle de Aosta, de nombre Rocco Schiavone y profesión subjefe de la policía italiana.

Le conocimos en Pista negra, le vimos evolucionar en La costilla de Adán y, ahora, madurar en cierto modo en la nueva entrega que llega por primavera, como debe ser: Una primavera de perros.

Y digo madurar -en la medida en que puede madurar un tipo como Schiavone, ya en una cierta edad y encantado de conocerse- porque observo con agrado cómo, poco a poco, nuestro subjefe se va desprendido de ciertas actitudes de gallito de corral, esa pose de “machito” perdonavidas con las mujeres que no me terminaba de agradar y, si bien no ha perdido su gusto por las féminas -ni falta que hace- sí parece más centrado en una sola aostana, al margen de que mantenga fidelidad eterna hacia su difunta y siempre presente esposa.

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Demasiado mayor para tanta acción: vuelve Mascarell en “Tres días de agosto”


tres-dc3adas-de-agostoTodo comenzaba en Cuatro días de enero de 1939, en una Barcelona a punto de ser ocupada por el ejército franquista, la hija de una prostituta asesinada y una buena mujer enfrentada a un cáncer en fase terminal, lo que impide a su marido, inspector de policía del gobierno de la República, huir del país lo antes posible como aconsejan las normas más elementales de prudencia.

A partir de ahí, algo más de una década resumida en 36 días de la vida de ese inspector al que conocimos con 55 años y que cuenta en la actualidad con 70 primaveras, viudo de Quimeta y casado en segundas nupcias con una mujer a la que dobla la edad.

Estamos, ya, en Tres días de agosto de 1950, en una jornada de calor sofocante que el matrimonio formado por Miquel Mascarell y Patro se disponen a pasar en la playa, pero ésta es secuestrada suponiendo el punto de partida del caso más angustioso en el aspecto personal para nuestro querido inspector: si quiere que su mujer sea liberada deberá resolver, en un plazo de tres días, un caso cerrado en falso doce años atrás.

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Mismo autor, nuevo personaje: “Entry Island”, de Peter May


Entry Island_135X220Vuelve a España Peter May, autor de la muy recomendable Trilogía de Lewis, integrada por las novelas La isla de los cazadores de pájaros, El hombre sin pasado y El último peón y protagonizadas por el policía escocés Fionnlag Macleod. Y vuelve de la mano ahora de la cada vez más imprescindible editorial Salamandra Black para confirmar ese dicho de que “si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?”

Porque, con diferente protagonista, Peter May sigue haciendo lo que tan buen resultado le da: aprovechar una trama criminal -lo que para algunos lectores resultará lo menos trascendente en sus novelas- para contarnos un pedazo de historia de Escocia. Concretando más, de la Escocia representada por su islas más septentrionales, por esas Hébridas que tan bien conoce el autor.

En esta ocasión, la acción principal, la que transcurre en la actualidad, se traslada a Canadá, a un archipiélago situado a la entrada del golfo de San Lorenzo. Como punto de partida, el asesinato de un empresario local, James Cowell, que será investigado por un equipo al que ha sido invitado el sargento Sime Mackenzie, de la Division des enquêtes sur les crimes contre la personne de la Sûreté de Police de Quebec.

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