Libro-e

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Mucho se habla últimamente de los e-books, aunque creo que deberíamos acostumbrarnos a utilizar el término libro-e para que, en caso de imponerse el nuevo modo de lectura, dentro de un tiempo no sólo hayan desaparecido los libros como los conocemos en la actualidad sino también el término en sí. Al menos, que nos quede la palabra.

Hay quien se echa las manos a la cabeza diciendo no estar dispuestos a renunciar a la textura del papel impreso, al olor de la tinta, a la firma del autor y su dedicatoria, incluso a la posibilidad de doblar la página en la que nos hemos quedado, costumbre ésta que, por otra parte, no soporto. Incluso hay quien se arma de nostalgia y habla de que nunca el píxel sustituirá a la tinta. Que se lo cuenten a los fotógrafos -aficionados o profesionales- y el salto de lo analógico a lo digital.

Creo que se trata de una visión ciertamente limitada y para ello no hay más que pensar en las utilidades que podría tener ya este artilugio, como por ejemplo servir de soporte a la prensa diaria, a los diccionarios (con las posibilidades que ofrece el hipertexto, esto es, enlazar unos términos con otros a través de un simple clic) o a los libros de texto que tanto daño producen en las espaldas de los alumnos y en las economías de sus progenitores con esa manía de que los libros nunca sirvan para un hermano dos años menor.

O las novelas, por qué no.

Un libro-e abriría el camino para que pudiéramos escuchar mientras leemos la misma música que acompaña al protagonista en un pasaje concreto. Por ejemplo.

Un libro-e permitiría ver las calles por las que caminan los personajes sin necesidad de levantarse del sillón, acudir al ordenador y abrir el Google Maps.

Un libro-e modificaría sustancialmente los canales de distribución actuales, pudiéndose dar el caso de que, como sucede con los melocotones cuando los agricultores protestan por los bajos precios que les pagan por su mercancía, los libros llegasen directamente del productor (autor) a la mesa del consumidor (lector).

Un libro-e debería dar que pensar a editores y distribuidores. Tal vez en este caso el librero pasaría a ser el eslabón más débil, papel desempeñado hasta la fecha por el propio autor. Y harían mal si no tomasen ejemplo de lo sucedido en la industria discográfica. De momento, y por lo poco que he oído, no parecen haber aprendido la lección y, lo primero que les escucho decir es que el libro-e debería costar un 20% menos que el tradicional. ¿Sólo un 20%? Si ahora hablamos de 18 a 20 euros y más, ¿un libro-e por encima de los 15 euros?

Un poco caro me parece, mejor me espero a que salga en bolsillo, ¿no?

 

PD: en el momento de cerrar esta nota, me llega esta noticia relativa al Foro Internacional de Contenidos Digitales 2009 que considero interesante: La tirada ha muerto, ¡vivan los libros!

5 comentarios sobre “Libro-e

  1. Comparto la apertura de miras respecto del e-book (mejor se olvida de lo de “libro-e”, me temo: ¿acaso alguien habla del “correo-e”? Pues eso) en lo referente a libros de texto y de consulta -las mejoras de las posibilidades prácticas son innumerables-; no así en cuanto a la literatura propiamente dicha. Llámenme antiguo, pero quiero seguir pasando hojas de papel y oliendo tinta y cola. Y no, yo tampoco soporto lo de doblar una punta del papel. Uso puntos de lectura de los muchos que tengo que siempre he cogido en librerías.

    Pues eso, que los libros impresos no han muerto (y espero que no mueran nunca). Los que sí están muertos, y no hace falta que los maten los e-books porque ya lo hizo Internet, son los diccionarios y las enciclopedias. ¿O alguien que sea menor de 65 años se mete ahora en un pago a plazos de una Larousse de 24 tomos?

  2. En menos de dos años tendremos aparatos de lecturas por menos de 60 Euros, ya están trabajando en ello. Sé de buena tinta que todas las editoriales tramitan ahora con vistas al futuro sus títulos, sobre todo de autores extranjeros. Todos los artículos que llegan son falsos, ni la FNAC de Francia ha vendido 10000 Sony Reader, y menos 40000 títulos.
    Aparte en Japón – la nación silenciosa – ya se hacen mangas a todo color.

    Me acuerdo de las cintas VHS, Beta, 2000 y DVD; de las cintas de casete, vinilos, CD.

    Y sobre todo de las bibliotecas sin actualización .. la de problemas que nos han dado.

    Eso sí, para la educación sera formidable. Un niño ( mi hijo) con 9 años no puede llevar una mochila que pesa más de 20 kilos, y eso que están poniendo pizarras electrónicas.

    En pocas palabras, tendremos que hacer como Pepe Carvalho, ir quemando libros en una bonita chimenea.

    Buen fin de semana

    CRUCE

  3. En efecto, lo de las enciclopedias fue el primer paso, ahorro de espacio en estanterías y actualización constante de contenidos (especialmente en asunto de fronteras cambiantes). ¿Recuerda usted la Encarta, que nos parecía la leche, y ahora forma parte de la arqueología digital?
    Los libros impresos supongo que no desaparecerán, al menos no en unas décadas. Lo que tengo claro es que para que se dé el salto definitivo al libro-e (vaaale, e-book) sólo falta que se popularice el uso de los lectores y, para eso, me imagino que jugará un papel destacado la prensa diaria, posibilitando la obtención de un aparatejo con 5 cupones y una suscripción por un año. U oferta similar.

  4. Hola Ricardo: Es cierto que probablemente revolucione muchas prácticas de lectura, lo del e-book o como se lo llame finalmente. Todo lo digital ha venido a aliviarnos las tareas, aunque a la hora de sentarnos a escribir no nos sirva de mucho invocar al dios Bill Gates. Me preocupa, y lo he planteado casi en solitario en mi blog, el rol de los siempre avispados editores que, por lo que me han comentado, ya están abocados a la rebaja de nuestros míseros derechos de autor. Y sin contar con las facilidades con las que contarán los piratas, mucho mayores que las de los que abordaron el Alakrana. Bienvenida la tecnología, pero que no nos tomen otra vez de giles. Un abrazo.

  5. Tienes razón, Guillermo, en el asunto de la piratería. Con un agravante respecto al mundo de la música: los grupos más pirateados son los más populares y, por tanto, pueden compensar la caída de sus ingresos por ventas (mínima, la parte del león se la lleva, cómo no, la compañía discográfica) con un mayor número de actuaciones en directo; un escritor, por bien que lo haga, no puede ponerse a cantar sus escritos.
    En cuanto a las avispadas editoriales… Bueno, volviendo al símil musical, muchas bandas de prestigio se han saltado los cauces habituales y comercializan directamente su música gracias a las nuevas tecnologías, rompiendo así las cadenas con sus discográficas.

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