Fundas de violín y Cadillacs negros

Entre tanto tocho de 17 x 24 y 5 de espesor -un kilo de peso en canal en el peor de los casos-, da gusto encontrarse con libros de 11 x 18, 120 páginas y apenas unos cuantos gramos fáciles de transportar en el bolsillo trasero del pantalón.

Si el librito en cuestión contiene no uno, sino dos ensayos acerca de la relación entre mafia y capitalismo, el gusto es doble.

Y si el firmante es Hans Magnus Enzensberger, escritor, ensayista, poeta y una de las figuras más importantes del pensamiento alemán contemporáneo, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades entre otras cosas, ni te cuento.

La balada de Al Capone. Mafia y capitalismo arranca con la historia de una ciudad nacida para la corrupción, una ciudad que hizo de los gángsteres un atractivo turístico ya en los años 30, una ciudad de fundas de violín, cochazos negros, bares clandestinos con mirilla en la puerta y policías en nómina de los grandes empresarios del sector.

La caja del violoncelo se abre de golpe: y del forro de terciopelo rojizo surge una flamante ametralladora. Al despuntar el día se descubren los cadáveres. El lechero los encuentra, en el curso de su ronda, junto a la boca de riego, el chico del ascensor en el vestíbulo del hotel, el encargado del almacén en el cobertizo entre las barricas de aceite. La más importante tienda de géneros de punto del lugar ha puesto en el escaparate un letrero, en el que se lee: «Zurcidos invisibles y a precio módico para los agujeros de balas de su traje».

Así comienza este excelente libro que se completa con un segundo ensayo en el que el autor analiza la relación entre mafia y capitalismo a través de la historia de la Camorra napolitana, su relación con el cultivo del tomate, sus orígenes en la “honrada Hermandad” de la que ya habló Cervantes y su transformación, con el paso del tiempo, en una implacable asociación de desalmados empresarios.

En definitiva, un libro de pequeñas dimensiones pero de gran contenido con el que se disfruta de lo lindo siempre y cuando no caigas en el transcurso de alguna balacera.

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2 comentarios sobre “Fundas de violín y Cadillacs negros

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