Pastel de jengibre

Hasta hace relativamente poco tiempo (y gracias a los múltiples programas de cocina que podemos ver por televisión) yo no sabía que el jengibre o kion (Zingiber officinale) es una planta de la familia de las zingiberáceas, cuya raíz está formada por rizomas horizontales muy apreciados por su aroma y sabor picante. La planta llega a 90 cm de altura, con largas hojas de 20 cm. (fuente: Wikipedia).

Qué va, qué va. Yo pensaba simplemente que el jengibre era parte fundamental de la dieta de los niños ingleses, una especie de poción mágica que les ayudaba a recorrer pasadizos secretos, enfrentarse a villanos o hacer cientos de kilómetros al día en bicicleta sin perder la sonrisa (precursores del dopaje, vaya).

Porque, para mí, los niños ingleses eran los que salían en los libros de Los Cinco: Julian, Ana, Dick y esa criatura de sexualidad no definida que respondía al nombre de Jorge (si la llamabas Georgina no respondía, simplemente podía ponerte la cara del revés a base de leches). Para completar el quinteto, Tim, el inevitable perro de inteligencia sobrenatural (nada que ver con los perros de carne y hueso que he tenido a lo largo de mi vida, menuda decepción). En total, 21 títulos que devoré con fruición, y más de una vez muchos de ellos.

O Los Siete Secretos, club (secreto, como su propio nombre indica) integrado por Peter (el jefe de la banda), su hermana Janet, y sus amigos y compañeros de colegio Jack, Bárbara, Jorge, Pamela y Colin. En el papel de perro estelar, Scamper, la mascota de Peter y Janet. Y pululando a su alrededor siempre estaba Sussie, la envidiosa hermana de Jack a la que jamás admitieron en tan selecto grupo. A estos siempre les tuve cierta manía, con sus estúpidas contraseñas secretas que conocía hasta el cartero del barrio. Sin embargo, creo que llegué a leer los 15 títulos de la colección.

Y todavía había otro grupito de devoradores o adoradores del jengibre (además del pastel de riñones con pasas, por Dios, qué asco), esos muchachos que protagonizaron la serie Aventura y que respondían a los nombres de Jorge, Dolly, Lucy, Jack y su loro Kiki (cuando todavía no sabía yo lo que era un kiki), acompañados por su amigo, el detective Bill. Ocho trepidantes novelas que siempre estuvieron entre mis favoritas de la época y autora.

Sumando, sumando, un total de 44 novelas con las que disfruté enormemente, tal vez por no saber que la madre de todas esas criaturas era una depravada sexual (lo mismo se lo hacía con el lechero que con la niñera de sus propias hijas) que, incluso, tenía la insana costumbre de jugar desnuda al tenis.

O, a lo mejor, si lo llego a saber, las hubiera leído todavía con más interés.

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5 comentarios sobre “Pastel de jengibre

  1. Joder, y yo sin saberlo. ¡Qué depravadas aventuras nos hubiéramos corrido en ambos sentidos!
    A mí me gustaban Los cinco, los siete secretos y una serie llamada misterio, que editó Molino, con los cinco pesquisidores, a la cabeza del cual estaba Fatty (FAT: Federico Algernon Troteville), un gordito la hostia de listo, que podía disfrazarse, imitaba voces, escribía poesías con la letra de otros, etc. etc.
    Pero vaya, vaya con Enid Blyton. Hubiera sido su Erec sin duda alguna. ¿Quieres alguna foto de ella? Tengo varias ;-))

  2. Pero bueno, iba a dedicarle una entrada a la adorable Enid….Todavía se la dedico: es que hay un airecillo tan malsano, tan enfermizo en todo esto….

    Yo también aprendí con Lons Cinco palabras como “jengibre”, “parroquiano” …y expresiones soberbias como “eres la octava maravilla del mundo” (referido a Juana, la cocinera)

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