Un suculento cebo

Cantaba el panameño Rubén Blades que “si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos”.

Siguiendo la misma línea de razonamiento, si al nacer te pusieron de nombre Diana siendo tu apellido Blanco, está cantado a qué te dedicarás profesionalmente cuando seas mayor.

Pero Diana también suena a cazadora, y a eso se dedica desde que fue reclutada para convertirse en cebo humano, en la pieza de carne fresca que ofrecer a peligrosos psicópatas como único modo de capturarlos.

El Espectador es el peor de todos, un criminal que se dedica a secuestrar a jovencitas y torturarlas durante semanas hasta la muerte. Y lo peor de todo es que no parece responder a ninguno de los patrones o psinomas en que la policía ha conseguido clasificar a todo bicho viviente. Y si no se conoce el psinoma del asesino, el cebo lo tiene complicado para preparar la máscara adecuada para someterlo y capturarlo.

Psinomas y máscaras están en el teatro de Shakespeare, psinomas y máscaras -y teatro, la vida es puro teatro- están presentes en este pedazo de novela de José Carlos Somoza, uno de los mejores cebos con forma de thriller que he mordido en mucho tiempo.
El cebo
José Carlos Somoza
Plaza & Janés

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