Ni todos los hombres son iguales…

… ni todos los escritores suecos son unos tipos fríos y sosos, incapaces de arrancar una sonrisa de los labios de los lectores.

Y quien dice suecos, dice noruegos. O finlandeses. O daneses. O islandeses. Nórdicos, en general, de esos cuyos personajes sólo saben emplear su tiempo libre en emborracharse o en viajar a las Canarias. O ambas cosas a la vez.

Porque por fin, tras leer muchos mankelles, larssones (stiegs o asas, qué más da), alvtegenes, fossumes, edwardsones, nesseres, dahles, roslundes, hellströmes o indridasones -que no digo yo que no estén bien, al menos algunos de ellos, pero que no son precisamente la alegría de la huerta-, ha tenido que llegar un paisano de este último para demostrarme que todavía queda esperanza, que el humor no conoce fronteras y que también los islandeses pueden hacernos pasar un buen rato mostrándonos -como los otros autores citados anteriormente- la cara oculta de sus perfectas sociedades pero sin olvidar que se puede hacer exhibiendo algo de gracia, cachondeillo y fina ironía.

Ah, y el colmo es que el protagonista no bebe -aunque sí lo hizo antes, y mucho- y come razonablemente bien. Y es periodista, aunque no tan apuesto, ligón e íntegro como el archifamoso Blomkvist sino bastante más normalito.

Se llama Einar -sin más, aunque de apellidos, o más bien patronímicos, nos explicará bastantes cosas a lo largo de la novela- y se le puede encontrar en una pequeña localidad del norte de Islandia de nombre impronunciable, trabajando para la edición local de un periódico de mala muerte y resolviendo, como quien no quiere la cosa, tres muertes por el precio de una.

El tiempo de la bruja
Arno Thorarinsson
Ámbar

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6 comentarios sobre “Ni todos los hombres son iguales…

  1. Tienes mucha razón en lo que dices en el tercer párrafo: fríos como el dedo gordo del pie de un ahorcado. Pero, eso sí, tú déjales que sigan viniéndose a las Canarias, aunque vengan borrachos, que de eso comemos por aquí.
    Ahora hablando en serio, habrá que concederle una oportunidad. Yo tenía cerrado el cupo de nórdicos soportables, pero si lo dice Bosque, por algo será…

  2. A mí al menos me ha parecido muy diferente a los demás. De hecho, ni siquiera hay asesinos en serie que se ensañan con sus víctimas y se mata por los mismos motivos que en el mundo civilizado, y no por vicio como hacen los suecos y gente similar.

  3. Yo no soy quién para juzgar a nadie pero tras una de esas novelas, me entra una depresión impresionante, me siento frío, congelado, a oscuras y con ganas de tomar café a cualquier hora, sin saber si es de día o de noche, compadeciéndome a mí mismo y preguntándome por qué estoy tan triste.

  4. En general es así, Juan, pero hay algunas honrosas excepciones. Leif GW Persson es sueco y una de ellas, la última de sus novelas publicadas en España, “Linda, como en el asesinato de Linda” es un buen ejemplo de ello, mala leche y cinismo a raudales

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