El topo

De sobras es conocida la habilidad del topo para infiltrarse en todo tipo de organizaciones y dinamitar desde dentro cualquier operación -militar, terrorista, empresarial- que, de otro modo, tal vez hubiera podido tener éxito.

En ese animalito debían estar pensando los mandamases de las principales editoriales españolas cuando, por una vez y sin que sirva de precedente, decidieron unir sus fuerzas y crear esa cosa llamada Libranda cuyo objetivo, no me cabe la menor duda, no es otro que el de cargarse el potencial pero incierto negocio de los libros electrónicos. Y para ello, ¿qué mejor que hacerlo desde dentro?

Porque sólo eso explica el que, tras meses de reuniones en las que a saber de qué coño habrán estado hablando, hayan parido una plataforma que pretende erigirse en el canal único de comercialización de libros digitales en España y, a través de ella, pretendan hacernos comprar “Los pilares de la Tierra” (¿hay alguien a estas alturas que todavía no lo tenga en alguna de las múltiples ediciones y/o colecciones existentes en el mercado?; es más, si ya han hecho hasta la serie televisiva, ¿para qué quiero el libro?) del señor Ken Follet a 9 euros el ejemplar, “La catedral del mar” a 10 o títulos más recientes (de esos que ya llevan dos años en el mercado y no faltan en ninguna casa que se dedique a almacenar best sellers) a 15 en lugar de a los 22 que vale la edición impresa.

¿Estamos tontos o qué?

Claro que, antes de tragar con tan asequibles precios, deberemos darnos de alta en la propia Libranda, en la web de la librería en la que pretendamos hacer la compra, instalar un par de programillas en nuestro ordenador… Vamos, todo tipo de facilidades para el usuario que lo único que pretende es ver, comparar y descargar.

Tiempo han tenido las editoriales para aprender de los errores de las discográficas, y la conclusión a que han llegado es que es preferible acabar con ese mercado de raíz (y no tener que hacer una nueva distribución de beneficios algo menos sangrante que la actual para el autor) antes de que los piratas empiecen a actuar. Porque, evidentemente, lo suyo es una auténtica provocación, una invitación a descargarse sin piedad todo lo que uno encuentre por la red -corresponda con sus gustos o no- y que quede así demostrado que en este país somos unos sinvergüenzas que no respetamos la propiedad intelectual ajena.

Propio de topos, vaya. Lo que no sé si por infiltrados o por ciegos.

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2 comentarios sobre “El topo

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