Dos casos para Vish Puri

Poirot de la India. Así llamó el prestigioso diario Financial Times a Vish Puri. Un Poirot todavía más ridículo que el original si cabe, y que no se me ofendan los muchos admiradores del belga.

Vish Puri tiene unos 50 años y es la cabeza visible -la única cabeza, en realidad- de la agencia de Detectives Sumamente Privados de Delhi. Con problemas de sobrepeso -como el detective estrella de tía Agatha-, idéntico bigote pasado de moda, vestido con trajes de safari de marca y tocado con su gorra Sundown, se desplaza habitualmente en su clásico Ambassador -tan habitual en la India como el Escarabajo en México- siempre con las ventanillas cerradas, el aire acondicionado a pleno rendimiento y conducido por su fiel chófer, Freno de Mano.

Maestro del disfraz, como ese Holmes al que detesta, en sus casos trata de aplicar sin demasiado éxito la lógica pura con la única finalidad de restablecer el orden y echar una mano de paso a la inoperante policía del país. Y cuenta con la ayuda de un equipo de agentes tan imprevisibles y absurdos como él mismo. ¿Sus nombres? Tomen nota porque no tienen desperdicio: Cisterna, Fluorescente, Crema Facial…

Y si reseñable es su grupo de colaboradores, la familia no se queda atrás, encabezada por su esposa, Ancas. A su lado, las dos hijas de Puri. De vez en cuando, la visita de su querida hermana y su odiado cuñado. Y siempre, siempre, la presencia constante de su madre, la Mummy-ji (ji es un sufijo honorífico, no hace falta que lo busquen en ningún diccionario) de la que ha heredado el gusto por la investigación y que suele jugar un papel determinante en los casos que se le plantean a nuestro detective sumamente privado o en las tramas paralelas que el autor, el inglés Tarquin Hall, inventa para ella.

Con todos estos mimbres, pueden ustedes imaginar que la línea que siguen estas novelas responde a un estilo paródico, absurdo y con tintes surrealistas en muchos momentos. Pero, entre tanta situación cómica, a Puri le queda tiempo para dejarnos jugosas reflexiones acerca de sus paisanos y de cómo ha ido evolucionando la sociedad estructurada en castas característica de la India. En concreto, de los dilli wallahs -tal como se conoce a los habitantes de Delhi- admira su resistencia y su sorprendente buen humor ante una adversidad constante como la que les toca vivir en la capital, y se lamenta de la capacidad del ser humano de adaptarse a cualquier condición y percibirla como algo normal. “El instinto de supervivencia es una bendición y una maldición a la vez”, concluye en lo que parece una clara posición contra el cerrado sistema de clases indio.

Pero no se crean, Puri no es precisamente un tipo progresista a pesar de esas ideas “transgresoras” que se le pueden ocurrir de vez en cuando. Ya lo habrán intuido ustedes por lo del Ambassador, el chófer personal o los trajes de safari, pero todavía queda más matizada su postura -o no, ya no sé qué pensar de este hombre- cuando habla del metro de Delhi como una auténtica revolución social para la ciudad ya que, a diferencia de los trenes, en el metro solamente hay una clase para viajar, así que los pasajeros, independientemente de su casta, tienen que ir los unos al lado de los otros y tratarse con cierta cordialidad. Algo impensable en Delhi hacía solo unos pocos años y toda una rareza en la India rural. Eso sí, vean ustedes la opinión de Puri al respecto en sus propias palabras, que nosotros no queremos añadir ni una coma a las mismas: “La igualdad está muy bien -le había dicho a su amigo en gimnasio unos días atrás, mientras comentaban el llamamiento del primer ministro a que la clase media utilizase el transporte público-. Pero que la disfruten los demás. Yo continuaré utilizando a mi chófer y mi coche”.

Dos ocasiones tenemos para disfrutar con sus curiosas andanzas, ambas con títulos que habrían hecho las delicias del mismísimo Erle Stanley Gardner: El caso de la sirvienta desaparecida y El caso del hombre que murió riendo.

Dos casos en los que tenemos ocasión de vivir los marcados contrastes sociales y culturales en un país aferrado a sus ancestrales costumbres y en el que los santones y milagreros tienen casi tanta presencia en televisión como los telepredicadores yanquis en las cadenas norteamericanas. Un país con una de las tasas de crecimiento económico del mundo que, por otra parte, contiene la mayor concentración de personas pobres del planeta. Y un país con una potente industria tecnológica en el que, poco a poco, el racionalismo se va imponiendo como otra forma de religión, con sus incondicionales dispuestos a cualquier cosa por la defensa de su fe científica.

El caso de la sirvienta desaparecida
El caso del hombre que murió riendo
Tarquin Hall
Roca Editorial

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Dos casos para Vish Puri

3 comentarios en “Dos casos para Vish Puri

  1. Carla dijo:

    ¡ Hola !
    He tenido el gran placer de leer las dos novelas del detective Vish Puri.
    Estoy esperando que traduzcan la tercera.
    Divertidas, culturales, humorísticas, con intriga…

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