Vicios confesables

Como​ se explica en la solapa de la portada, el escritor y guionista Lluc Oliveras​ conoció a Dani el Rojo a raíz de la grabación de un documental sobre los atracadores más peligrosos de los años ochenta y terminó convenciéndole para escribir a cuatro manos estas 600 páginas llenas de confesiones que constituyen, ante todo, un edificante libro que todo aspirante a malechor debería leer. Pero no porque quede demostrado que incluso la oveja más descarriada y pendona puede terminar haciendo en esta vida algo socialmente aceptable (en la actualidad, Dani el Rojo se dedica a acompañar y garantizar la seguridad de estrellas como Leo Messi o Andrés Calamaro, entre otros, y no consta que haya vuelto a delinquir) sino porque se trata de un excepcional libro de texto sobre cómo ascender en la peligrosa pirámide jerárquica de la delincuencia organizada y acerca de cómo comportarse en el trullo cuando, inevitablemente, terminen trincándote.

De la mano de Dani el Rojo -en el libro, Miguel Ángel Soto Martín-, hijo de una familia relativamente acomodada de Barcelona y con tendencia a apropiarse indebidamente de lo que no era suyo desde antes de llegar a la adolescencia, nos moveremos por los años dorados de la delincuencia callejera barcelonesa y española -ay, aquellas películas sobre el Torete o el Vaquilla, aquellas inolvidables bandas sonoras de Los Chichos o Los Chunguitos- y conoceremos a las diferentes bandas que operaban en sus respectivos territorios y que tocaban todo tipo de negocios, desde timbas clandestinas hasta discotecas en las que se vendía de todo lo que no se podía conseguir en los supermercados, desde atracos a joyerías hasta asaltos de bancos, desde palos en farmacias a robos en plena calle a incautos transeuntes.

Así, entre palo y palo, seremos testigos de la evolución de un chaval que comienza robando unos billetes de la cartera de su padre y pasa luego a asaltar domicilios o a controlar la seguridad de varias discotecas. Todo lo que sea necesario, en definitiva, para mantener un ritmo de vida un tanto caro, para alimentar unas venas cada vez más hambrientas, para dejar bien claro quién manda en este negocio. ​Y conoceremos, aunque sea tangencialmente, a personajes como Loquillo o Carlos Segarra -sí, el de Los Rebeldes-, más jovenes y tan resueltos como siempre.

Pero todo lo bueno acaba, como puede comprobar el Rojo cuando finalmente es detenido y enviado a la Modelo. Aunque, a la vista de lo que cuenta, el hombre se supo desenvolver bastante bien en sus numerosas estancias pagadas y deja claro que también en la cárcel -o sobre todo en la cárcel- todo tiene un precio y con dinero y contactos se puede conseguir lo que uno necesite o desee en cada momento.

La única pega que encuentro al libro -además de que el arranque pueda resultar un tanto repetitivo- es que tal vez habría requerido un mayor o mejor proceso de corrección antes de llegar a la imprenta. Pero no por la existencia de erratas -que alguna habrá pero no son demasiado llamativas- sino por la redacción en sí de las memorias. De acuerdo, se me podrá decir que, a pesar de estar escritas a cuatro manos, se pretendía conseguir una narración natural realizada por un no profesional de las letras, pero creo que -sin tocar para nada el lenguaje coloquial que se utiliza para contar la historia de Dani el Rojo- el responsable de darle coherencia y un cierto estilo podría haber depurado más el texto, eliminando términos innecesarios o reiteraciones excesivas.

Por lo demás, lo dicho al inicio: un texto edificante que no debería faltar en el chabolo de ningún mangui.

Confesiones de un gángster de Barcelona
Lluc Oliveras
Ediciones B

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4 comentarios sobre “Vicios confesables

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