Pasando página

Mucho tiempo llevaba yo pensándome esto de pasar página y probar lo de los ya no tan nuevos e-books (ya dije una vez que a mí me gustaba llamarlos libros-e, aunque parece que el nombre no termina de cuajar), pero siempre me echaba para atrás en el último momento. Y siempre por tres factores que jugaban en contra de la novedosa tecnología que suponía leer en una pantalla impresa con tinta electrónica en lugar de con la de toda la vida: el precio de los e-readers (¿lectores-e por coherencia con los de los libros-e?), el precio de los propios e-books o libros-e (fijado por mentes enfermas, no se les puede llamar de otro modo) y la experiencia lectora.

En cuanto al precio de los dispositivos que permiten leer este tipo de libros, los 300 euros que pedían hace cuatro días para una cosa que solo cumplía una función me parecían sinceramente excesivos; los 160 actuales y con unas especificaciones muy superiores (que pueden incluir wifi o pantalla táctil, como es el caso que nos ocupa), ya no tanto.

Lo de los libros… lo dicho, pedir 10 y 15 euros por una novedad o no tanto me parece cosa de locos, algo propio de quienes pretenden perpetuar un modelo de reparto de beneficios que convierte al escritor en el más alienado de los trabajadores, cobrando -si hay suerte- unas cantidades escandalosamente ridículas por el trabajo realizado -bien o mal- a lo largo de tantos meses. Lo dije hace unos meses aquí, pero por suerte ya hay editores inteligentes -tanto en novela como en cómic- que han entendido cómo deben hacerse las cosas, y empieza a ser razonablemente sencillo encontrar libros absolutamente recién salidos del horno por no más de 4 euros. No solo editores inteligentes, también autores consagrados como Lorenzo Silva han comprendido que el modelo de negocio debe cambiar necesariamente y ofrecen su obra a precios módicos, sumando nuevos lectores a los miles que ya les seguían en el formato tradicional.

Finalmente, la experiencia lectora, que hasta ahora se limitaba a leer en la pantalla del ordenador algunos textos clásicos -de esos que se encuentran gratis por ahí- o de amigos que te regalaban sus novelas antes de salir en papel. Y digo hasta ahora porque desde ayer tengo un aparatito nuevo que me temo va a terminar disipando todas mis dudas al respecto, un Bq Avant con 6 pulgadas de pantalla -táctil, por cierto, con lo que lo de pasar página es un gesto muy similar al tradicional- y conexión wifi entre otras cosas que estoy descubriendo. Como el de la foto de arriba, vaya. Y la cosa cambia, y mucho.

De momento lo he cargado con varias decenas de esos clásicos de los que hablaba antes -incluyendo a Poe, Doyle, Wilde, Balzac o Pérez Galdos- y algunos muy nuevos de amigos cuyas novelas en este formato me apetecía leer, entre ellos: El hombre que mató a Durruti, de Pedro de Paz; El color de la maldad, de Armando Rodera; El loco de las muñecas, de Empar Fernández; Asesinato en la isla de los gansos, de Erlantz Gamboa -publicado en papel solo en México pero que el autor, muy amablemente, me envió ya hace algún tiempo en formato pdf-; y, finalmente, El árbol bajo el que siempre llueve, de Luis Gutiérrez Maluenda. Todos ellos, como también decía antes, novedades editoriales y por menos de 4 euros cada uno.

Y como dicen que los últimos serán los primeros, éste de Maluenda será el primero en caer, porque fue el primer que compré y porque también dicen que no hay dos sin tres, y dos han sido las novelas que he leído en lo que va de año año de este estupendo escritor: Mala hostia y Los muertos no tienen amigos.

Ya os contaré, pero me parece que me va a gustar esto de pasar página.

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3 comentarios sobre “Pasando página

  1. A mí también me gusta Maluenda, Ricardo. Espero que la experiencia sea satisfactoria, yo creo que los editores a los que te refieres han emprendido una aventura digital honesta y conveniente para todos. Próximamente publicarán los primeros títulos de nuestro Escalona.
    Un abrazo.

  2. Pues una excelente oportunidad (que no desaprovecharé) para llenar mi lector con los primeros escalonas. Y, evidentemente, me refiero a esos editores (y a los de Koomic, para quienes sean amantes de las viñetas)

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