La belleza de lo simple

Quiero ser optimista y pensar que, en el hipotético caso de que decidiéramos hacer una encuesta a pie de calle y preguntásemos el nombre de tres figuras célebres de la literatura húngara, tal vez serían dos los citados por la mayoría y un “no sabe, no contesta” para el nombre que debería completar la terna. Siguiendo con el optimismo, todo el mundo más o menos informado citaría a Imre Kertész y Sándor Márai, dejando en el olvido al que, al menos para mí, debería figurar en primer lugar de un modo indiscutible: Dezsö Kosztolányi.

Nacido en Szabadka en 1885 (en aquellos años parte del Imperio Austrohúngaro), Kosztolányi creó la ficticia ciudad de Sárszeg, escenario de dos de sus principales novelas, Alondra y La cometa dorada (ambas, junto con Anna la dulce, editadas en castellano por Ediciones B). Además de novelista, destacó como poeta, periodista y traductor al húngaro de obras como Alicia en el país de las maravillas.

¿Y por qué Kosztolányi figura en el primer lugar de mis húngaros favoritos? Porque, como otros autores con los que disfruto, representa el triunfo de la cotidianeidad, de la narración de hechos nimios con las palabras justas para dar como resultado algo de una belleza extraordinaria. Y si esto es difícil de conseguir en un relato corto, en una novela ya parece una misión imposible.

Así, en Alondra (por la que siento debilidad), el autor parte de una anécdota. Alondra es la hija solterona, fea, inocente pero autoritaria a su modo, de una pareja de sesentones que ven con alivio cómo la muchacha decide pasar unos días de descanso en la granja de unos familiares. Y digo que ven ese hecho con alivio porque la ausencia de la hija es aprovechada por sus progenitores para dedicarse al desenfreno que se puede uno permitir en una pequeña población húngara de finales del siglo XIX: salidas al teatro, algún restaurante que hacía mucho no visitaban, partidas de cartas y alguna borrachera inocente con los amigos de toda la vida.

¿Dónde se encuentra entonces la peculiaridad que distingue a esta novela? En la simplicidad, en la prosa limpia de adornos innecesarios, en la capacidad para describir -con precisión y con la cantidad imprescindible de palabras- objetos y situaciones que para la mayoría de los autores exigen largos y aburridos párrafos, en la ternura no exenta de buenas dosis de ironía que Kosztolányi sabe transmitir en cada uno de sus párrafos.

Desde luego, cuando pensamos en la belleza de lo simple no deberíamos olvidarnos de Dezsö Kosztolányi. Y cuando nos pregunten por escritores húngaros, tampoco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s