El árbol bajo el que siempre llueve

Espectacular el año que lleva mi admirado Luis Gutiérrez Maluenda, autor de novelas como Putas, diamantes y cante jondo, Los muertos no tienen amigos o Una anciana obesa y tranquila entre otras y ensayos como Jazz y blues en la novela negra americana.

Y digo espectacular porque tres son los títulos que ha publicado este año y los tres muy recomendables: la ya citada Los muertos no tienen amigos, Mala hostia y la tercera en llegar y que da título a esta entrada, El árbol bajo el que siempre llueve.

Y si hasta ahora Maluenda nos hacía disfrutar con detectives al más puro estilo americano -adaptados, eso sí, a la idiosincrasia ibérica-, con su cinismo, su dosis de violencia a veces gratuita, su dosis de alcohol, su buena música o su gusto por las mujeres bonitas, en su nueva novela solo encontraremos un elemento común con las anteriores, precisamente el gusto por las mujeres bonitas de su protagonista. Por lo demás, no esperes música -algunos ritmos caribeños sí hay- ni demasiado alcohol -aunque tampoco falta, todo hay que decirlo-, ni tampoco más violencia que aquella con la que arranca la novela y que, paradójicamente y a pesar de la desgracia que supone para cientos de personas, es el golpe de suerte que necesitaba Óscar, que así vamos a llamar -no digo yo que se llame así, tampoco lo dice el autor- al protagonista de la trama.

Porque la historia empieza en el aeropuerto de Barcelona, con un empleado de banco milagrosamente salvado de un atentado terrorista en el que han muerto todos los pasajeros del avión que debía tomar con destino a Zurich. En su mano, un maletín conteniendo tres millones de euros que el banco le ha confiado para ingresar en una cuenta en Suiza; en su pasado, una mujer a la que no soporta, unos hijos para los que apenas existe y una vida de la que está francamente cansado.

¿Qué harías tú en esa situación? Pues tal vez lo mismo que Óscar, desaparecer con la mayor discreción del lugar de los hechos, comprar una nueva identidad y partir rumbo a algún país en el que iniciar una nueva vida en la que no cometer los mismos errores que en la anterior. Y disfrutar del momento, por lo que pueda durar.

Así, Óscar pone rumbo al Caribe y se rodea de gentes empeñadas en vivir ese día a día sin excesivas preocupaciones que llevarse a la cama al acabar la jornada: los nativos, por educación y genética parecen incapaces de experimentar algo tan molesto como las prisas que, ya se sabe, siempre son malas consejeras; y los recién llegados, tal vez por contagio o por ser eso lo buscado, aprenden pronto a tomarse las cosas con cierta distancia y despreocupación, algo a lo que ayuda, obviamente, tener lo que suele llamarse “el riñón cubierto”. O el bolsillo lleno, vaya.

Decía al principio que el único elemento común que está novela mantiene respecto a las otras que he podido leer del autor es el gusto del protagonista por las mujeres guapas. Miento, hay otro elemento que se mantiene: el buen hacer y la alta calidad literaria marca de la casa.

El árbol bajo el que siempre llueve
Luis Gutiérrez Maluenda
Literaturas com libros
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2 comentarios sobre “El árbol bajo el que siempre llueve

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