Imágenes vienesas

Para el común de los mortales, Viena suena a vals -el Danubio Azul sería un ejemplo perfecto- o a Marcha Radetzky. ¿Un personaje del que hayamos leído algo o al que hayamos visto en el cine? Sissi Emperatriz. ¿Un olor característico? El del cruasán recién salido del horno, invento más destacable que se nos ocurre al hablar de la capital austriaca. ¿Y una imagen que haya impresionado nuestras retinas? La noria del Prater, por supuesto.

Habrá otro tipo de gente, ochentera por lo general, a la que Viena le suene, simplemente, a una canción de Ultravox.

Y luego están los aficionados a la novela negra -aunque en este caso las imágenes nos lleguen a través del cine igualmente negro-, para quienes Viena suena a la cítara de Anton Karas. ¿El personaje visto o leído? Harry Lime, sin lugar a dudas. ¿Un olor característico? El de las alcantarillas que desembocan en un Danubio no tan azul. ¿Y una imagen? La noria del Prater. Ahí sí, la coincidencia con el común de los mortales es plena.

Porque El tercer hombre se mete por todos los sentidos, nos deja imágenes memorables como la de un gato rondando los pie de un tipo que se oculta en un portal oscuro, nos deja una música que sería la pesadilla de un obsesivo compulsivo -imposible sacarse de la cabeza esa cítara incluso pasadas varias horas de haber visto la peli-, y nos deja algunas frases célebres, como esa de Harry Lime a Holly Martins acerca de la contribución de los suizos a la evolución humana:

“Recuerda lo que dijo no sé quién: en Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!”

Pero hay otra frase en la que, hasta la última vez que vi la película -este fin de semana- no había reparado. Es la última de todo el guión, ese cierre que debería pasar a formar parte de los finales clásicos, como el de que nadie es perfecto o el del inicio de una gran amistad.


Anna -Alida Valli- camina por el cementerio, entre árboles, el bolso colgado del hombro. En un
Jeep del ejército, el mayor Calloway conduce a Holly Martins -Joseph Cotten- al aeropuerto, pero este le dice que detenga el vehículo al ver a la mujer.

-Creo que pierde el tiempo, Martins -dice el mayor.

-Me gusta perder el tiempo, Calloway.

The End

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