Mi, Do, La

Sébastien Japrisot es otro de esos autores a los que alguna editorial debería retomar y publicar de nuevo sus novelas policíacas –El Aleph reeeditó una en 2006, para las otras dos hay que remontarse a los años ochenta en el mejor de los casos-. Tampoco son tantas, solo tres, y si no las tres al menos dos de ellas deberían ser lectura obligada para cualquier aficionado al género negro. Y una de las tres, absolutamente imprescindible en cualquier biblioteca criminal.

Las novelas en cuestión son, por orden de publicación, El tren de la muerte (Compartiment tueurs, 1962), Trampa para Cenicienta (Piège pour Cendrillon, 1963) y La mujer del coche, con gafas y un fusil (La Dame dans l’auto avec des lunettes et un fusil, 1966). Las lecturas obligadas serían -en mi modesta opinión, ojo- las dos últimas; la que no debería faltar en ninguna biblioteca, la segunda, con la que Japrisot ganó el Grand Prix de littérature policière en 1963 y en la que ya practicaba con maestría el juego de la confusión tanto con el lector como con sus propios protagonistas que luego volvió a aplicar en su tercera y última novela de género.

De hecho, es sin duda Trampa para Cenicienta su mejor obra. Trampa para Cenicienta, un título cuyo significado e importancia en la comprensión de lo sucedido solo se nos revelará en la última página de la novela. Una novela que nos cuenta la historia de dos amigas, Mi y Do (existió una La, pero murió demasiado joven), y un terrible incendio producido en una casa de Cap Cadet -entre La Ciotat y Bandol, a pocos kilómetros de Marsella- que acabó con la vida de una de ellas.

¿De cuál?, es lo que nos preguntaremos casi desde el principio, cuando comencemos a dudar -al tiempo que lo hace la propia interesada- acerca de la identidad de la mujer que se restablece en una clínica parisina de las quemaduras sufridas en el incendio, unas quemaduras que le han dejado sin cara, sin huellas dactilares y, lo que es peor, sin memoria.

¿Por qué?, querremos saber a la primera vuelta de tuerca, cuando creamos haber obtenido respuesta a la pregunta anterior.

¿Por qué?, volveremos a cuestionarnos a la segunda vuelta, cuando sospechemos que nuestra anterior deducción tal vez no fuera del todo correcta.

¿Seguro?, dudaremos cuando cerremos definitivamente este excelente tratado sobre la complejidad de la mente humana en general y criminal en particular.

Lo que sí es seguro, aquello que no me genera ningún tipo de duda es que, si todavía no lo has hecho y esta entrada te anima a leer Trampa para Cenicienta, pasados unos meses volverás a ella y a formularte las mismas preguntas. Al tiempo.

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