Navegando por Venecia

Alguien dijo que rectificar es de sabios. No es mi caso.

Otros dicen que los nacidos en ciertos lugares lo tenemos bastante complicado a la hora de dar nuestro brazo a torcer. Sí es mi caso.

Vaya, que soy de esos para los que la primera impresión es muy importante y, cuando alguien entra con mal pie en mi vida…

Sea como fuere, hace ya unos cuantos años leí una novela de Donna Leon protagonizada por un tal Brunetti: Acqua alta. Una y no más, me dije entonces. Y es que el comisario veneciano me cayó mal desde el principio: demasiado educado, demasiado culto, demasiadas buenas maneras, demasiada buena relación familiar… Demasiado poco creíble, en definitiva, como poco creíbles me parecen igualmente quienes se pasan por el otro extremo: solitarios, alcohólicos, zafios, innecesariamente violentos…

Una y no más, me dije entonces hasta que hace unas semanas me vi “obligado” a volver a la carga con las novelas de la Leon porque, teniendo que escribir sobre la Serenísima República, no queda otra que pasar por la piedra de la obra de la norteamericana afincada junto a un canal. Y han caído, en pocos días, Muerte en la Fenice, Vestido para la muerte, Nobleza obliga, Un mar de problemas, Veneno de cristal y Testamento mortal. O lo que es lo mismo, una muestra escogida de entre las 21 novelas protagonizadas por Brunetti y que permiten analizar su evolución -y la de su entorno- a lo largo de toda su carrera.

Questura de San Francesco della Vigna, lugar habitual de trabajo del comisario Brunetti

Y extraigo varias conclusiones:

1.- Que nunca digas nunca jamás ni este cura no es mi padre. Ya ves en que han quedado mis promesas de no dedicar ni un momento más a esta serie.

2.- Que al igual que existe -creo- un denominado “peluquero de las estrellas”, podría decirse que Brunetti es el “detective de la nobleza”. Que no se casa con cualquiera, vaya, que lo suyo es estar siempre bien relacionado y rara es la ocasión en que le toca investigar un caso que se quede, simplemente, en la muerte de un inmigrante sin papeles o de una anciana desvalida. Siempre ha habido clases y, dentro de las clases, categorías.

3.- Que dicha relación con las clases pudientes no le impide guardar una cierta distancia con ellas, tal vez debido a que la pertenencia a dicha clase le llegó por matrimonio y no por su humilde origen, lo que, al menos para mí, supone un tanto a su favor. Donde fueres haz lo que vieres, pero no renuncies a tus principios.

4.- Que el entorno laboral del comisario es fácilmente reconocible ya no en los ámbitos policiales -que desconozco- sino en cualquier oficina relativamente grande, con su jefe inútil pero atento a no dejar pasar oportunidad de colgarse medallas ajenas, con los pelotas del citado jefe inútil, con los curritos que nunca dejarán de serlo por su querencia a no llamar la atención y a limitarse a cumplir eficazmente con su cometido, con el compañero o compañera -en este caso la signorina Elettra Zorzi- que no deja de sorprenderte con unas habilidades que ignorabas que alguien pudiera tener…

Los Ingalls al completo. Creo que la mayor todavía leía correctamente

5.- Que, dicho lo anterior y habiendo cambiado mi impresión general acerca de la saga brunettiana, su familia me sigue resultando de un insufrible aplastante, que no he conocido jamás a unos adolescentes tan comprensivos y respetuosos para con sus progenitores y que no había visto tanta armonía encerrada entre cuatro paredes desde tiempos de la Casa de la Pradera (y eso que los Ingalls eran suecos y dicen en las novelas que nos llegan últimamente de esas tierras que los nativos son socialmente… dejémoslo en peculiares).

6.- Que dicen que dijo Chandler refiriéndose a un tipo de Maryland que “el asesinato fue sacado de su decadente jarrón veneciano y arrojado al callejón más sucio”. Que sería un recurso muy facilón decir que tuvo que ser una mujer de New Jersey quien recogió el jarrón del sucio callejón para devolverlo al lugar del que fue arrancado.

En definitiva, que lamento haber sido tan categórico hace unos cuantos años, que entono un mea culpa y que me alegro de haberle dado a Brunetti una segunda oportunidad.

O me estoy volviendo sabio -que no es el caso- o estoy renunciando a mis orígenes -que tampoco.

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3 comentarios sobre “Navegando por Venecia

  1. Estamos de acuerdo. Novelas leíbles a pesar de la pátina a lo Michael Landon. Sin embargo, yo añadiría algo más. Añadiría la frecuente visión americanizadamente prepotente o prepotentemente americanizada de la autora. Sabemos de la corrupción de las instituciones italianas, pero no por ello hay que mostrarse tan superior. En Amèrica, en Estados Unidos (le diría a Leon) también hay corrupción, señora. Y mafia. Y de todo.
    Parece que para Leon no hay nada que funcione en Italia, en Venecia. Y será verdad, pero no es el único lugar del mundo en donde eso pasa. Y al fin y al cabo, ella lo escogió para vivir.
    Me molesta sobremanera la superioridad anglosajona. Es com si a Leon le gustará el envoltorio (la ciudad, el país) pero no el contenido.
    Buena reflexión. Y sí, yo creo que rectificar es de sabios.

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