Juegos infantiles

Circulan durante varios kilómetros hacia el sur de la capital, Antonio con la mirada perdida en el salpicadero de la furgoneta, intentando no pensar demasiado en las consecuencias que pudiera acarrear su descuido. El Flaco enfila una calle cubierta de profundos socavones y flanqueada por sendas filas de casas de una sola planta. Un numeroso grupo de niños desharrapados juega entre montones de chatarra acumulados sobre la maleza de los descampados circundantes; otros simulan conducir los restos de un coche calcinado que corona una pequeña colina cercana. En una de las aceras, dos muchachos de aproximadamente doce años se pelean mientras una maraña de voces estridentes jalea por igual a ambos contendientes.

Cuando la furgoneta se detiene frente a la puerta de una de las parcelas, varios de los chavales que están presenciando indiferentes la pelea callejera se arremolinan en torno a los dos visitantes. No hay muchos entretenimientos en la barriada y cualquier novedad es bienvenida. Adolfo se quita de encima a uno de los muchachos de un violento empujón y hace amago de arremeter contra otro de ellos pero, tan aprisa como han surgido de la nada, aquella marabunta curiosa desaparece corriendo desordenadamente y buscando refugio en la esquina más próxima, desde donde siguen atentos los movimientos de Antonio y el Flaco.

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

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