La detención de Ugarte

Acomodados los últimos espectadores que llegan al cine iniciada la proyección, Antonio se aposta a la entrada de la sala, dispuesto a disfrutar una vez más con las desventuras de Rick. Regularmente, se cuelga de su cuello la bandeja con la que, de un modo absolutamente maquinal, cumple otro de sus cometidos, el de ofrecer a la concurrencia caramelos y otros dulces entre las protestas de algunos por la intromisión del acomodador siempre en lo mejor de la película.

Aprovecha la escena de la detención de Ugarte, que siempre le provoca cierto malestar, para salir a beber un trago de agua. De camino, pasa por delante de Aurora, la encargada del guardarropa. Aurora tiene unos cincuenta años y utiliza siempre en sus vestidos unas tallas que, con dificultades, intentan contener los excesos de su anatomía. Sus cabellos están teñidos de un color rubio que a duras penas consigue aclarar las oscuras raíces; los ojos, subrayados con una gruesa línea que, de tan prolongada como es, parece querer alcanzar la oreja; y cerrando el óvalo achatado de su cara, unos labios finos, rojos de carmín barato. Todo el conjunto conforma un aspecto artificial y poco agradable a la vista.

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

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