¿Perseguido?

Aprovecha que esa tarde no hay sesión para acudir a la proyección de la noche dando un largo paseo que le ayude a poner en orden sus ideas. Camina durante varias horas callejeando por el centro, convencido de que entre el gentío no tiene nada que temer. Cuando finalmente se encamina hacia el cine son ya las ocho de la tarde. Ha oscurecido por completo y una fina lluvia comienza a caer sobre la ciudad. Acelera el paso, arrimándose a las paredes en busca de la cicatera protección que le brindan los voladizos de los edificios. Las calles empiezan a vaciarse. Al llegar a la esquina, siente el impulso de mirar hacia atrás: ha creído notar la presencia de alguien a su espalda. Se vuelve y cree ver cómo un individuo se guarece en un portal. Sigue caminando con pasos más rápidos y girando, inquieto, la cabeza cada pocos metros. Cruza la calzada a la carrera y, ya desde la otra acera, puede ver a un hombre vestido con un viejo abrigo oscuro, demasiado grande para él. Usa un sombrero que le oculta parte del rostro y luce una poblada barba. Con las manos en los bolsillos del abrigo le contempla con absoluto descaro y Antonio, despavorido, echa a correr. Sin saber muy bien por qué calles se interna y temeroso de desembocar en algún callejón sin salida, da varios rodeos para evitar que el desconocido le pueda seguir hasta el cine.

Fragmento de “El último avión a Lisboa”, también disponible en ebook (Literaturas com Libros)

 

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