El vuelo de Britney Spears

El hombre posó la mano sobre la mejilla de Alice. Era una mano mojada. Alice pensó: «Este hombre sólo puede ser Diego. El Diego de la Ciudad de los Diegos». Ese Diego caminó hacia la ventana y señaló el cielo. Britney Spears estaba de nuevo en el cielo pálido, y nadaba o bailaba, Alice no lo sabía muy bien. De cualquier modo, Britney sonreía, pero no a ella, era una sonrisa gratuita para nadie en particular. Alice sintió cómo una angustia roja enervaba su cuerpo. Habían sustituido su sangre por una materia en combustión. Aquello iba a arder. La ventana del Gran Incinerador estaba abierta. El clon de Diego quería que entrara por ella. Además, le decía:

— Alice, ven, ven, ha llegado el momento de tu número.

Britney, la chica despreocupada, nadaba en el cielo de esmalte, y bailaba como nunca antes había bailado, y cantaba igual que una sirena del aire.

En cuanto a Alice, ya no tenía ningún medio para resistirse a la voz de ese Diego.

La hija del Samuräi, Dominique Sylvain

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