Día de paga

Hace unos meses escribía en Calibre .38 sobre la novela Fraude, de Elvin Post, pero lo primero que leí -y disfruté a tope- de este tipo fue Día de paga, una historia en línea con las protagonizadas por Dortmunder, el ladrón torpe de mi admirado Donald Westlake. De ella dije en 2007 lo que reproduzco a continuación.

¿Cómo actuaría usted si tuviera dificultades para pagar los plazos del tresillo que acaba de comprar para su mujer? Es de suponer que trataría de renegociar la deuda con su acreedor, pediría ayuda económica a sus amigos o familiares, esperaría a que el vendedor se presentase en su domicilio con la sana intención de recuperar el mueble que no ha terminado de adquirir o acudiría a su banco de toda la vida.

Esto último es lo que decide hacer Winston Malone, el protagonista de la primera novela de Elvin Post, “Día de paga”, ganadora del premio Gouden Strop 2004. Es decir, una reacción absolutamente normal si no fuera por un pequeño detalle: que cuando digo que acude a su banco de toda la vida lo hago en el sentido literal de la expresión, no al banco del que es cliente sino al banco en el que lleva años trabajando. Y no va con la intención de pedir un anticipo a su jefe, sino simplemente con el propósito de llevarse todo el dinero que quepa en una bolsa de La guerra de las galaxias, a cara descubierta y sin pensar en las repercusiones que su acción puedan tener para su vida a partir de ese momento.

Y es que Winston Malone no es un tipo como usted o como yo, un individuo normal que vive en un mundo real. Malone es el mayor lerdo, el hombre con menos luces que he conocido en mi vida de lector. Un hombre que vive permanentemente en una ficción cinematográfica, preguntándose a cada paso que da cómo los personajes a los que idolatra reaccionarían ante los infortunios que se atraviesan en su vida, cómo Al Pacino o De Niro se comportarían si debieran enfrentarse a las situaciones que a él se le plantean.

Claro que Malone no está solo en este mundo de fracasados, porque el plantel que nos muestra Elvin Post no tiene desperdicio, tal vez la mayor concentración de antihéroes por centímetro cuadrado de papel que me he encontrado jamás.

Porque a Malone le acompañarán en sus desventuras Jimmy Roma, el fracasado hijo de un heladero vendedor de armas y prestamista; Caesar Malvi, un enano antiguo luchador y actual guardaespaldas del heladero; Darío López, el sarcástico empleado de hogar de Jack Gardner; y el propio Jack Gardner, en apariencia actor de éxito, pero cuyo éxito se limita a llevar interpretando el mismo papel durante catorce años en una serie que odia. Y para poner un gramo de lucidez en la trama nos encontramos con Cordelia, esposa de Malone que bastante tiene con soportar al hombre al que quiere y con quien ha decidido pasar todos los años de su vida.

Con todos estos personajes y Nueva York como el mejor escenario posible, Post nos ofrece una novela repleta de acción, de sueños difíciles de alcanzar, de un humor cínico que se deja ver detrás de cada frase, de situaciones absurdas como absurdo es el protagonista, de toques surrealistas y referencias cinematográficas continuas a esas películas que forman parte de la vida de Malone.

Y si el planteamiento y el nudo resultan delirantes, el autor echa el resto con el desenlace trepidante en el que los perseguidores se convierten en perseguidos, los sicarios se transforman en verdugos y los que se consideran líderes devienen en fracasados, todavía más de lo que ya lo eran.

Una novela negra francamente divertida, buen reflejo de la sociedad norteamericana (o al menos de una parte de la sociedad norteamericana), inteligente en su visión cínica de la ciudad de Nueva York y que consigue mantenerte atado al sillón mientras devoras sus páginas, con la vana esperanza de que la historia se prolongue más allá de las trescientas y pico páginas que contiene.

Día de paga
Elvin Post
Traducción de María Lerma
EDICIONES PAIDÓS. ALEA

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