Japonesa, matemática y criminal

¿Puede una novela policíaca quedar resuelta para el lector en el primer capítulo y para el policía encargado de investigar el caso antes de la mitad del texto y seguir manteniendo el interés de ambos hasta la última línea?

Por supuesto, y demostración fehaciente de ello es esta historia firmada por el japonés Keigo Higashino y que no es sino la primera de una serie protagonizada por el detective Kusanagi y su amigo el profesor de física Yukawa, apodado Galileo. Desgraciadamente, y a diferencia de lo que ocurre con autores de otros países menos exóticos pero más fríos, solo un título disponible en España. Como suele decirse, si fuera rubio y se apellidase Higashinosson…

La devoción del sospechoso X arranca con el asesinato de un tipo llamado Shinji Togashi por parte de su exmujer, Yasuko Hanaoka, y con la colaboración de la hija de esta, Misato, en el domicilio en que madre e hija residen. No siendo profesionales del ramo -del de los asesinatos, quiero decir- su primera duda es si deben llamar a la policía o no. En la segunda de las opciones, la segunda duda es qué hacer con el molesto fiambre.

Y en ello están cuando reciben la ayuda inesperada de su vecino, Ishigami, profesor de matemáticas en un instituto de Tokyo, que se ofrece desinteresadamente a hacerse cargo del asunto, ideando el plan perfecto para que nunca sean acusadas, ni las mujeres por el delito cometido, ni él mismo por la colaboración prestada.

Por tanto, y como decía al principio, el lector ya lo sabe todo apenas a las veinte páginas de haber comenzado a leer. Y Kusanagi, el detective, también a las primeras de cambio, pues son muchas las evidencias que señalan en la dirección de la exmujer del finado. Pero…

Pero todo se complica cuando el policía comenta el caso con su amigo profesor de física -antiguo compañero de estudios de Ishigami, el vecino metomentodo- y la investigación se convierte en una partida de ajedrez entre la teoría y la simulación matemática y la necesaria experimentación que exige la física, una partida apasionante, fría y pausada que el lector no deja de seguir con los ojos bien abiertos hasta llegar a un desenlace sorprendente, máxime cuando, como decíamos, todo estaba meridianamente claro desde el inicio.

Una excelente novela y unos estupendos personajes de los que espero poder leer mucho más en el futuro. A poder ser, sin tener que aprender japonés para hacerlo.

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2 comentarios sobre “Japonesa, matemática y criminal

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