Existen otros nórdicos

Ya he dicho en ocasiones que no conviene generalizar, pues se corre el riesgo de cometer pequeñas o grandes injusticias. Y ya he dicho muchas veces también que la literatura criminal nórdica no está, desde luego, entre mis preferencias. Demasiados asesinos en serie para mi gusto, demasiados personajes planos y repetitivos que nada aportan a este género que me apasiona.

Pero de vez en cuando aparecen por aquí gentes como Leif GW Persson -de quien me toca hablar de su última novela en Calibre .38 muy pronto- o este finlandés llamado Antti Tuomainen, avalado por Rodrigo Fresán -de quien me confieso devoto- para traernos una historia ambientada en una Helsinki apocalíptica que nada tiene que ver con el paraíso finlandés que tan buenos resultados obtiene en todo tipo de mediciones estadísticas, una ciudad en las jornadas previas a la Navidad, una ciudad con los túneles de metro inundados, continuos incendios, robos y asesinatos a plena luz del día, brotes de malaria y otras enfermedades hasta entonces desconocidas en aquellas latitudes.

Estamos en ello, siguiendo los pasos de su protagonista por tan caótico escenario y deseando poder ratificar las muy buenas impresiones iniciales. Al tiempo.

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