Bordelli y compañía

Hace no muchos años, entre 2001 y 2006 aproximadamente, cuando los suecos todavía no se habían manifestado como la plaga bíblica que ocultaban bajo su fría apariencia nórdica, los italianos, además de ser los más ligones de la costa mediterránea, se convirtieron en el negro (y amarillo) objeto de deseo de las editoriales españolas. “Ponga un macaroni en su librería”, vendría a ser el lema de la época.

La cosecha recibida fue, al menos cualitativamente hablando, muy superior a la que nos llegó después desde tierras heladas, de las que, en mi humilde opinión, no se salvan más allá de dos o tres nombres. De tierras transalpinas nos llegaron, sin embargo, escritores imprescindibles como Andrea Camilleri, Giorgio Todde -excelentes las novelas protagonizadas por el embalsamador Efisio Marini-, Carlo Lucarelli y su comisario De Luca o Massimo Carlotto -solo por esta aportación habría que poner a los tifossi en un altar.

Massimo Carlotto
Massimo Carlotto

También, por supuesto, hay que hacer un hueco en nuestras vidas de lectores de género criminal a Giancarlo De Cataldo con su contundente Una novela criminal. Y tampoco está de más echarle un ojo a Valerio Varesi con El río de las brumas. Y, ya al final de la época dorada de los italianos publicados en España, nos llegó otro de los que no deberían faltar en ninguna buena biblioteca del crimen: Maurizio de Giovani, creador del curiosísimo y napolitano comisario Ricciardi.

Con todos ellos y algunos más se podría formar lo que en algún momento etiqueté como la squadra azzurra de la literatura criminal. Pero, más o menos en 2007, todo eso se acabó casi por completo: la llegada del infumable superventas Larsson abrió las puertas de par en par a todos sus compatriotas, en la mayoría de las ocasiones tan prescindibles o incluso más que el propio padre de la sociópata Salander y el intachable periodista Blomkvist. Desde entonces, solo los suecos y asimilados escriben en clave criminal. Al menos eso es lo que nos venden, claro.

Marco Vichi
Marco Vichi

Pero de la era presueca me había dejado en el tintero a otro de los italianos del que nos llegaron cuatro novelas florentinas -tres en los años dorados del giallo en España y una más reciente- que destacan por su equilibrio casi perfecto entre tramas, personajes y escenarios, todo ello de una calidad muy por encima de la media. Me refiero a Marco Vichi, creador del comisario Bordelli, encargado de resolver crímenes en la Florencia de principios de los sesenta, una ciudad poco turística y profundamente provinciana de la que, como no podía ser de otro modo, hablamos en nuestro crucero mediterráneo de Calibre .38.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s