Le atendió Ramiro B (1)

Nunca he sido dependiente en ningún comercio, pero hace unos años me dio por escribir on line un a modo de diario de un vendedor de libros poco vocacional. Salió una cosa bastante improvisada que titulé Le atendió Ramiro B, lo publiqué en un blog que pronto desaparecerá (si no lo ha hecho ya cuando leas esto) y me apetecía reproducirlo aquí. Lo encontrarás todo agrupado bajo la etiqueta ramiro b. Comenzamos.

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Si no hubiera sido porque llevaba tres días alimentándome de los restos de mi estúpido orgullo, ese soberbio sentimiento del que creía haberme desprendido hace mucho tiempo, jamás se me habría ocurrido aceptar la oferta de trabajo de Martín. Pero el orgullo es poco nutritivo y no estaba dispuesto a recurrir de nuevo al bueno de Carlos para satisfacer tan primaria necesidad; tampoco se puede decir que él disponga de una economía saneada, y bastante hace con ser quien garantiza con sus ingresos mensuales el pago del alquiler del piso que compartimos. Impensable pedir socorro a la familia, a ese general de brigada o de división o qué sé yo –jamás he sentido demasiado interés por esas absurdas graduaciones que más que nada me suenan a películas en blanco y negro protagonizadas por actores con bigotillo fino subrayando la nariz– que me tocó en el sorteo de mi promoción. Y tampoco estaba tan desesperado como para acudir a la beneficencia municipal y rodearme de borrachos y vagabundos como en otras ocasiones.

need cash

Había consumido las migajas de paro que me habían correspondido por mi último empleo, unos cuantos meses picando y formateando textos para una editorial, y de paso muriéndome de envidia ante el logro de otros. Lo de agotar el paro no me asusta, es como la gripe que siempre vuelve a por uno, especialmente cuando uno tiene pocas defensas. Incluso he atravesado peores temporadas y sé resistir una mala racha. Así que no se me ocurrió otra cosa que ganar algo de tiempo mientras encontraba algún trabajo apetecible y recurrir a otra de las actividades que desempeño con cierta frecuencia. Y ayer era el cuarto día que llevaba sentado en las escaleras de acceso al Banco de Crédito Agrícola, bien protegido por el capital de los rigores climáticos del mes de diciembre, con aquel estúpido cartel de “Escritor en paro necesita su ayuda. Gracias”.

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b

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2 comentarios sobre “Le atendió Ramiro B (1)

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