Le atendió Ramiro B (2)

Yo sólo pretendía recaudar unas monedas para un bocadillo, pero tuvo que aparecer aquel tipo con pintas de moderno a ofrecerme un empleo. Nadie le había dado vela en mi entierro, pero posiblemente se sentía obligado por el espíritu prenavideño a hacer algo por mí. En cualquier caso, me preguntó si estaba dispuesto a aceptar un trabajo. Ya he tenido muchos trabajos, gracias, traté de disuadirle. Probablemente no eran los empleos adecuados, me respondió. Mañana empiezas conmigo.

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Mañana es hoy. Hoy es domingo y los grandes comercios han inaugurado el tramo final de la autopista de las compras que conduce a la Navidad. Sospecho que si Martín me ofreció el trabajo no es por mi cara bonita ni por los vastos conocimientos literarios que no me han dado ocasión de acreditar. No; creo que no soy sino un refuerzo de fin de año. Mejor así: no soporto las ocupaciones sin límite temporal; de hecho, jamás he tenido ninguna ni creo que la tenga en mi vida. No sabría cómo hacer para soportar tanta estabilidad.

Lo más sorprendente incluso para mí es que me he levantado a tiempo para llegar a la tienda antes de que abriera al público, como si realmente me interesara el empleo. Martín –que además de ejercer como miembro del comité de contratación cuando el corazón o algún otro músculo se lo sugiere, es el encargado principal del establecimiento–, me ha recibido con una inusitada efusividad, tanta que me ha dado la impresión de que estaba pensando en cómo se las habían apañado hasta entonces en la tienda sin mí. Tras presentarme rápidamente a varios de mis nuevos compañeros, me ha hecho entrega del chaleco oficial de la tienda en una sencilla ceremonia y ha prendido en él una plaquita con mi nombre que sólo le ha llevado unos minutos preparar. “Ramiro B”, se puede leer en caracteres blancos sobre un fondo verde botella, a juego con el chaleco. Le he preguntado que para qué la B, que no creía que hubiera más ramiros en la tienda, pero no me ha hecho ni caso. La verdad es que como interlocutor dispuesto a escuchar no vale gran cosa. Como encargado, no lo sé todavía.

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b

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