Le atendió Ramiro B (4)

He tenido que confesarle a mi compañera que, a mis años, todavía no sé nada de ordenadores. Ella me ha dicho que siempre hay una primera vez, que no le importa ser mi iniciadora y que podíamos empezar de inmediato las clases. He decidido aprender informática. Sobre todo si Laura F sigue ayudándome a jugar con el ratón por la alfombra colocando su mano sobre la mía.

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No sé si por pereza, por timidez, por incapacidad o porque no tenía ganas de trabajar, durante mi primer día en la tienda me he especializado en la complicada tarea –dada la nutrida afluencia de potenciales compradores– de evitar clientes: cada vez que alguien me preguntaba por un libro mi respuesta era permanecer absolutamente inmóvil, como los bichos de los documentales cuando tratan de ocultarse de sus depredadores, contemplando al interlocutor de turno como quien oye por primera vez esa extraña palabra. Mi representación del lerdo irrecuperable para la sociedad ha resultado bastante convincente.

Si tengo que hacer balance de mi primer día de trabajo, si quiero colocar algo en el haber de mi cuenta, destacaré que en la tienda hace menos frío que en la calle. Y que las manos de Laura F son más cálidas que el cartel que sostenía entre las mías hasta ayer mismo. Mañana volveré a verla porque, a pesar de mi demostrada ineptitud, todavía conservo el empleo después de doce horas de jornada.

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b

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