Le atendió Ramiro B (5)

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Carlos se ha extrañado al verme sentado a la mesa de la cocina y dispuesto a desayunar con él. Habitualmente nuestra hora de saludar al mundo por la mañana es diferente: el suele madrugar más que yo y, sobre todo, lo hace con mayor regularidad dado el carácter más estable de su empleo. Por eso, al encontrarme despierto y vestido a una hora tan inusual me ha preguntado si había pasado mala noche y tenía que llevarme al hospital o algo por el estilo. Es un encanto de muchacho, lo ha dicho sin ninguna malicia, convencido de que si había madrugado tanto debía ser por algo grave. Le he contestado simplemente que había pensado acudir a la puerta del banco un poco antes, que ayer había tenido problemas con otro mendigo que quería levantarme el puesto y eso no podía permitirlo. No le he querido contar nada de mi nuevo trabajo: el pobre podría preocuparse de veras.

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