Le atendió Ramiro B (14)

Hoy ha vuelto a estar en la tienda, rebuscando entre los libros de bolsillo como hace siempre, sin orden aparente, pasando de los autores que comienzan por C a los que lo hacen por H, como si le diera igual qué comprar, como si sólo pretendiera pasar un rato caliente. O como si buscase en los personajes de papel la compañía que no encuentra entre los de carne y hueso.

Sus dedos caminan sobre el lomo de los libros como si estuvieran tocando un arpa. Sin embargo, su mirada no sigue la trayectoria de los dedos, su mirada está siempre en otra estantería diferente de la que utiliza para componer. Porque todo en ella me sugiere música. Sus dedos tocan el arpa; sus pies, cuando desciende por las escaleras, no pisan peldaños sino las teclas de un piano. Suaves y firmes.

arpa

Lleva el pelo corto, demasiado para mi gusto. Y usa unas gafas de pasta que no le sientan muy bien, aunque le dan un toque intelectual que supongo es lo que busca.

Suele venir un par de veces a la semana. Todavía no sé si es madre pero, en caso de serlo, seguro que viene por aquí después de dejar a los niños en el autobús del colegio. Va recorriendo con su arpa toda la tienda, pero siempre termina donde la novela romántica, y allí pasa un buen rato. Eso sí, desde que trabajo aquí todavía no ha comprado nada.

Algún día preguntaré a Clara si en su planta se comporta del mismo modo: los que vivimos en el Infierno poco sabemos del Purgatorio y nada del Cielo.

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b

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