Le atendió Ramiro B (16)

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Esta mañana he extraído un libro de uno de los estantes de la librería de casa. Da igual de qué libro se trata, es un detalle sin importancia. Lo trascendente es que al abrir el libro, una fotografía se ha deslizado de su interior cayendo al suelo. La he recogido y, al contemplarla, he entendido por qué he terminado pidiendo a veces en la calle: el tema de la fotografía soy yo, con ocho o nueve meses de edad, tendido sobre una acera junta a la persiana metálica de un taller. Al parecer, mis padres no tenían otro lugar mejor para inmortalizarme, depositado en la calle como un niño abandonado en Navidad. Si ante mí hubieran colocado un pedazo de cartón con alguna petición expresa (amor, comida, dinero, una familia adoptiva…) el efecto hubiera sido definitivo. Ahora sé que mi destino estaba marcado, al menos, desde los ocho o nueve meses de edad. Y contra el destino poca resistencia se puede oponer.

Otro pensamiento me ha asaltado de pronto: ¿y si efectivamente yo hubiera sido un niño abandonado? ¿y si el sargento chusquero que he tenido como padre no fuera sino un tipo que pasaba por allí poco después de que alguien me dejara tirado?

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b
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