Le atendió Ramiro B (18)

La mujer de pelo corto y gafas con montura de pasta, la que acostumbra a tocar el arpa con los libros de las diferentes estanterías mientras mira al tendido, se llama Carmen Lázaro. Lo sé porque hoy ha pagado con tarjeta. El importe de su compra ha sido ridículo, así que tal vez haya pagado con tarjeta para que yo sepa su nombre.

Ha venido a la misma hora de siempre, casi nada más abrir la tienda. No ha variado su recorrido en absoluto, un paseo anárquico por toda la tienda para terminar en su zona preferida. Desde allí, semioculta por esas estanterías repletas de lo que algunos llaman “novela testimonial”, me ha lanzado algunas miradas fugaces, como sin querer, mientras yo fingía estar ocupado ordenando lo que otros revuelven. Ha tenido varios libros en sus manos, los hojeaba y volvía a dejar en su lugar, hasta que se ha detenido un tiempo extra en uno concreto.

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Cuando me ha visto lo suficientemente desocupado como para no molestarme, se ha venido hacia mí con la novela en la mano: un ejemplar de bolsillo de Marcela Serrano, no sé qué de unas mujercitas. Juntos hemos ido hasta la caja, lo he pasado por el lector de códigos de barras y ha marcado poco más de cinco euros. Cuando me ha dado la tarjeta, la manga de la cazadora se le ha subido unos centímetros dejando a la vista un vendaje blanco de aspecto casero. Una caída tonta, ya ves, me ha explicado antes de que yo pudiera preguntarle nada.

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