Le atendió Ramiro B (25)

Hoy ha sucedido algo para lo que no encuentro explicación, aunque sin duda la tendrá ya que hay pocas cosas que pasen porque sí.

A las doce aproximadamente suelo salir al café de al lado de la tienda, un local que llevan de maravilla un par de chicas argentinas y en el que, los martes por la noche, enseñan a bailar el tango. Las chicas no, una pareja que va exclusivamente a dar las clases.

Como cada mediodía pues, he colgado el chaleco en el primer sitio que he visto (nunca voy al café con el uniforme de la tienda, con ese chaleco y la placa con mi nombre cualquiera me puede confundir con un camarero) y he salido a la calle.

Esperando-el-autobus

Entre la tienda y el café hay una parada de autobús. Nunca me fijo en si llega o no alguno, pero hoy lo he hecho. Y en la puerta del que acababa de parar, dispuesta ya a salir, estaba Carmen Lázaro.

Ella también me ha visto a mí mientras sacaba su pie derecho del vehículo. Me ha mirado de refilón, ha hecho como que no me veía, ha bajado la cabeza y ha vuelto a meter el pie dentro del autobús, justo antes de que se cerrara la puerta. El autobús ha arrancado con la mujer dentro.

Me he quedado parado, sin saber qué pensar. He dado media vuelta y he regresado a la tienda: ya no me apetecía tomar un café.

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b

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