Le atendió Ramiro B (40)

Confieso que me ha costado conciliar el sueño, dándole vueltas continuamente al asunto de la llamada telefónica, convencido como estaba de que una mujer de apariencia frágil como Carmen Lázaro era incapaz de golpear una mesa con semejante contundencia. Y si el otro día me preocupaba el hecho de haber constatado que nunca me había preocupado por nadie, ahora me preocupa que una tontería como esta pueda alterar mi sueño.

A las diez casi en punto ha aparecido Carmen por la tienda. Esta vez no llevaba gafas de sol, tal vez haya vuelto a las lentillas o quizás se haya percatado de que, mientras siga lloviendo, no hay sol que pueda molestarla.

Ha dado sus vueltas de rigor y no ha comprado nada, pero antes de marcharse me ha dirigido una mirada más triste que de costumbre.

Creo que el color levemente oscuro que he visto en el lado izquierdo de su cara no era sombra de ojos aunque pudiera parecerlo.

Lee esta historia desde el principio en la etiqueta ramiro b

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