Le atendió Ramiro B (48)

Un tono, dos, tres. Carmen está a punto está de colgar de nuevo. Cuatro. Carlos intenta levantarse y a duras penas lo consigue. Cinco. Carmen tiene ya el dedo sobre el botón de cancelar la llamada cuando una voz, ya no metálica sino más bien acatarrada contesta por fin.

–¿Digame?

A Carmen no se le ocurre otra cosa que decir, insegura “¿Manuel?”. Carlos, a pesar de su embotamiento muscular y cerebral, reacciona con la suficiente agilidad como para comprender que aquella mujer es a quien estaba destinado el mensaje que su compañero de piso dejó grabado hace días en el contestador. Está tentado a sacar del error a la mujer, a decirle que todo es una patraña inventada por un tipo que parece no tener nada mejor que hacer que complicar la vida de los demás. No sabe por qué razón, pero Carlos responde que sí, que él es Manuel. Tal vez se arrepienta nada más haber decidido suplantar al real o imaginario Manuel, pero el paso ya está dado.

cita-ciegas

No contento con la usurpación de personalidad que acaba de cometer, recuerda el mensaje del contestador y se atreve a dar un paso adelante. Sin pensar que tal vez ni siquiera pueda levantarse de la cama, emplaza a la mujer en la librería al día siguiente y cuelga sin permitirle siquiera un turno de réplica.

Se vuelve a la cama deleitándose con la cara que Ramiro B pondrá cuando le vea aparecer en su lugar de trabajo. Él, que no compra libros ni por san Jorge.

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