El suicidio de una estrella

Cada vez le cuesta más hacerse entender, el alcohol va cumpliendo su cometido y comprendo que Santos está todavía peor de lo que aparentaba cuando me visitó en la floristería. Me había hablado de cómo se había entregado a la coca y el alcohol durante los últimos años, pero la imagen que muestra en su casa es, más que la de un bebedor, la de un borracho póstumo. De hecho, si no intervengo yo la cirrosis lo hará, sin tardar mucho y de un modo bastante más doloroso.

Tras la cuarta copa desde que he llegado, Martín apoya la cabeza en el brazo del sofá y entiendo que hoy es mi día de suerte: la muerte dulce es mi preferida y este hombre me lo está poniendo a huevo. Comienza a roncar de un modo que temo por los vecinos. Me calzo los guantes de látex, tomo la botella y le doy a beber a morro una buena cantidad, casi hasta terminar con su contenido. Me voy al baño, reviso el armario que hay sobre el lavabo y compruebo que mi suerte continúa: el actor en declive es un clásico y jamás se afeitaría con una Gillette como todo el mundo, lo suyo es la navaja y la brocha de toda la vida.

navaja

Pongo el tapón en la bañera y abro el grifo del agua caliente. En cinco minutos hay una cantidad considerable, pero no tanta como para que la masa de Martín “Arquímedes” Santos pueda desbordarla y dar un disgusto a la del quinto. Cierro el grifo y vuelvo al salón: mi cliente sigue durmiendo como un bendito.

Sujeto su cuerpo inerme por debajo de los sobacos y lo arrastro como puedo hasta el baño. Martín se deja hacer. Ahora llega la parte de mi improvisado plan que más pudor me provoca. Le quito los calzoncillos y, para no fijarme en su desnudez, le miro a la cara. No sé, incluso me parece ver una sonrisa de satisfacción en su rostro, como si Martín entendiera que, finalmente, él tenía razón y yo no era una salvadora de almas sino una puta como había pensado desde el principio. Pero, desde luego, no se trata más que de mi imaginación, el pobre está totalmente ido de este mundo. O lo estará en breve, más bien; de momento, sólo inconsciente.

Le introduzco en la bañera despacio. Permanece inmóvil mientras abro la navaja. Le tomo de la mano derecha y hago un profundo y rápido corte en su muñeca. Ni se inmuta, la navaja está bien afilada y ni siquiera se percata de lo que le está sucediendo. Repito la operación en la izquierda con idéntico resultado. El agua comienza a teñirse de rojo mientras espero sentada en una banqueta.

Fragmento de “Suicidio a crédito”, segunda novela protagonizada por Tana Marqués, editada en formato impreso en 2009 (Mira Editores) y ya disponible en ebook en Literaturas com Libros (3.99 euros, todos los formatos incluido epub sin DRM)

 

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