Femenina y criminal: Jean Simmons

Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

No pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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jean simmons
Jean Simmons

Biografía

Jean Merilyn Simmons nació en el barrio londinense de Crouch Hill el 31 de enero de 1929.

Debutó a los 15 años en la película Give us the moon (1944), de Val Guest y Caryl Brahms, aunque alcanzó cierto reconocimiento en su país a raíz de su participación dos años más tarde en la película de David Lean Great Expectations –Cadenas rotas-. A partir de ahí, Caesar and Cleopatra –César y Cleopatra-, Black Narcissus –Narciso negro– y, sobre todo, el papel de Ofelia en el Hamlet de Lawrence Olivier, personaje que le supuso la nominación al Oscar a la mejor actriz de reparto de 1948 que, finalmente, ganó Claire Trevor por su interpretación en Cayo Largo.

A partir de esa nominación y -tal vez- de su matrimonio con Stewart Granger, Jean Simmons se convierte en habitual de las superproducciones de Hollywood, títulos como La túnica sagrada 1953), Sinuhé el egipcio (1954) o Espartaco (1960) Los aficionados al género negro deberán añadir a este listado la película Angel Face –Cara de ángel– de Otto Preminger en 1953, con Robert Mitchum como protagonista masculino.

Casada en 1960 con Richard Brooks, este la dirigió en una de sus mejores películas: Elmer Gantry –El fuego y la palabra-. Ya en 1969 la volvería a dirigir en The Happy Ending –Con los ojos cerrados-, que le supuso la candidatura al Oscar a la mejor actriz principal.

A partir de los setenta se aparta del cine y se centra en la televisión, participando en series como Norte y Sur o El pájaro espino, con la que consiguió un Emmy.

Jean Simmons murió de cáncer de pulmón el 22 de enero de 2010 en Santa Mónica, California.

En mi retina

Dicen que, durante el rodaje, Robert Mitchum fue obligado por el director a abofetear una y otra vez a Jean Simmons, cada vez más fuerte que la anterior porque quería más realismo en la escena. Hasta que, Mitchum, temiendo lastimar a la actriz, le calzó a Preminger una guantada monumental al tiempo que le preguntaba si así era bastante realista o todavía tenía que esforzarse más.

¿Pero cómo vas a negarle nada, Frank, con esa carita de ángel?
¿Pero cómo vas a negarle nada, Frank, con esa carita de ángel?

Aplaudo la actitud del actor, es lo menos que podía hacer ante la imperdonable blasfemia que suponía tener que maltratar un rostro como el de la Simmons.

Sin duda alguna, una de las mejores interpretaciones de una actriz que no destacó por su participación en películas de género negro pero que, solo por Cara de ángel, solo por la expresión de su rostro en la inolvidable e inesperada escena final, ya tiene un lugar destacado en mi Olimpo dedicado a la femme fatale. La más inocente de todas, la más adorable y, al mismo tiempo, la más desquiciada de todas ellas, hasta el punto de que uno no sabe si lo que la mueve a actuar como lo hace es una manifiesta maldad o una paranoia sin límites que la convierte, además de en verdugo, en víctima.

Una copa antes de morir
Una copa antes de morir

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