Femenina y criminal: Barbara Stanwyck

Un blog en el que tan a menudo escribo de género negro estaría incompleto si no contara con la presencia, de vez en cuando, de una buena femme fatale que llevarse a los ojos. O de otras mujeres que, sin encajar estrictamente en esa etiqueta, sí son vitales en la historia del mejor cine negro.

Por supuesto, no pretendo puntuarlas, para mí son todas de 10.

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Barbara Stanwyck
Barbara Stanwyck

Biografía

Ruby Catherine Stevens, también conocida como Barbara Stanwyck -y apodada en ocasiones como Missy, The Queen o Babs- nació en Brooklyn, Nueva York, el 16 de julio de 1907.

Comenzó trabajando de telefonista y corista de espectáculos de vodevil, siendo su primera película Broadway Nights (1927). Después fueron llegando varias colaboraciones bajo las direcciones de Frank Capra o John Ford hasta conseguir su primer gran papel en 1937 en la película Stella Dallas, de King Vidor, con la que logró la primera de sus cuatro nominaciones a los premios Oscar -si bien el único que ganó fue el honorífico de 1982.

La segunda nominación la obtuvo por su participación en 1941 en Ball of FireBola de fuego– a las órdenes de Howard Hawks.

Pero el mayor éxito de su carrera le llegó en 1944 al protagonizar Double IndemnityPerdición en España- junto a Fred McMurray y Edward G. Robinson con la dirección de Billy Wilder y guion de Raymond Chandler a partir de una novela de James M. Cain. Sin duda alguna, una de las obras maestras del cine negro de todos los tiempos. Por cierto, tercera nominación a los Oscar, en esta ocasión ganado por Ingrid Bergman.

Y en 1946, otro de sus grandes papeles, el de Martha Ivers en The Strange Love of Martha IversEl extraño amor de Martha Ivers– dirigida en esta ocasión por Lewis Milestone.

Tras participar posteriormente en Sorry, wrong number -cuarta nominación, cuarta derrota; esta vez el Oscar fue para Jane Wyman, la sumamente perversa Angela Channing de Falcon Crest y primera esposa de Reagan- hizo algunos papeles poco convencionales para dedicarse posteriormente a la televisión a lo largo de los años cincuenta y sesenta.

Barbara Stanwyck falleció el 20 de enero de 1990 en Santa Mónica, California.

En mi retina

Vale que quizás no fuera la más guapa del universo hollywoodiense -al menos no se trataba de una belleza heterodoxa, tal vez fuera la nariz, esa nariz- aunque fotógrafos hubo que supieron captar lo mejor de sus rasgos. Sin embargo, desde que la vi por primera vez envuelta en una toalla blanca y junto a la barandilla de la primera planta de la casa familiar de los Dietrichson en Glendale, comprendí que no solo el agente de seguros Walter Neff iba a quedar prendado de los encantos de una de las malas malísimas del cine negro. De hecho, en mi modesta opinión, Phyllis Dietrichson debería ser la primera acepción de la expresión femme fatale en cualquier buen diccionario.

La clásica escena de toalla blanca y escalera
La clásica escena de toalla blanca y escalera

También podría serlo, desde luego, del término “frialdad” a la vista de la sutileza con que Phillys llega a convencer a Walter, su peón en el plan de eliminar al marido, de que todo ha salido de la cabeza del agente de seguros. Como dice en una de las contundentes frases del guion, “Tú planeaste su asesinato, yo tan sólo deseaba verle muerto”.

Escenas como la inolvidable del supermercado hicieron que terminase de enamorarme de la Stanwyck, una escena versátil como pocas, lo mismo serviría para una película de cine negro como para la típica comedia americana -cámbiense las caras de Barbara Stanwyck y Fred McMurray por las de Doris Day y Cary Grant y listo.

¿Desea algo, señorita?
¿Desea algo, señorita?

En su otro gran papel, el de Martha Ivers, consiguió amedrentarme -por no utilizar un sinónimo testicular- al comprender que “la manipuladora nace, no se hace”. Y que quien nace con la capacidad suficiente para manejar a su antojo a quienes le rodean -varones, en el cine negro clásico- así continúa hasta la tumba, controlando con mano férrea todo lo que se mueva a su alrededor, ya sean negocios locales en los que intervenir con modos ciertamente caciquiles o situaciones iniciadas en la más tierna infancia y perpetuadas por siempre jamás por mucha tierra de por medio que pretenda poner alguno de los implicados.

La ambiciosa Martha y el manipulable Walter, la consagrada Stanwyck y el debutante Douglas
La ambiciosa Martha y el manipulable Walter, la consagrada Stanwyck y el debutante Douglas

Así que seré sincero: la Stanwyck, un encanto; las Dietrichson o Ivers, cuanto más lejos mejor. Que uno aprecia demasiado lo de llevar una vida moderadamente familiar, tranquila y feliz.

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2 comentarios sobre “Femenina y criminal: Barbara Stanwyck

  1. En efecto, el género negro cinematográfico no estaría completo sin la Stanwyck, sin Edward G. Robinson, sin Humphrey Bogart, sin Lauren Bacall, sin… tantos otros. Pero sin duda este género no existiría sin novelistas (muchos también guionistas) como James M. Cain, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, etc., etc.
    Tu artículo es excelente y creo que complementaría a la perfección el último que he puesto yo en mi blog.

    Saludos

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