Pequeña África bilbaína

Hasta la semana pasada, servidor conocía poco de Bilbao: no es ciudad -o villa- que visite a menudo y mi conocimiento de sus encantos se limita a lo que suele ofrecernos la televisión en documentales y demás espacios semipromocionales, casi siempre el lado más amable de las ciudades, que tampoco te van a mostrar la cara oculta de las mismas, más habitual en algunos de los libros -a menudo de género negro- que van cayendo en mis manos. Como la última novela de Jon Arretxe, esos 612 €uros que, de golpe y porrazo, me obliga a adentrarme en la marginal Pequeña África bilbaína, bien separada, por supuesto, del respetable Bilbao Blanco: el barrio de San Frantzisko.

612 euros
Jon Arretxe presentando “612 €uros”

Allí reside Touré, nativo de Burkina Faso. Reside y trabaja de lo que puede: simulador de cantante de ópera, animador de bodas, adivinador de futuros no muy halagüeños y, por supuesto -estamos en una novela doblemente negra-, detective. Un tanto peculiar, esperpéntico si se quiere, pero detective al fin y al cabo.

Devoro las doscientas y pico páginas de la novela en un santiamén y me queda un gusto agridulce: me he divertido de lo lindo con sus aventuras y desventuras, con el modo en que Arretxe describe la resignación con que la comunidad africana afronta el día a día tratando de ver siempre el lado positivo de las cosas -de lo contrario sería imposible levantarse cada mañana-, con ese submundo tan cercano y habitual en cualquier ciudad integrado por manguis de tres al cuarto, timadores, peluqueros magrebíes, tenderos chinos, prostitutas nigerianas…

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Mauren Ada Ortuya

Termino la novela el domingo, 2 de junio. El lunes, la prensa nos muestra esas mismas calles pero, desgraciadamente, desde un plano que no permite esbozar la mínima sonrisa. Vuelvo a pasear por la calle de Las Cortes, centro de trabajo habitual de otra prostituta nigeriana -otras fuentes dicen que es keniata-, Mauren Ada Ortuya, rescatada de las garras de un presunto maestro shaolín -y, al parecer, no es la única que ha pasado por ellas- en un caso que huele al típico asesino ritual al que tan acostumbrados nos tienen los novelistas anglosajones y nórdicos.

Cierro la prensa, vuelvo a abrir el libro de Arretxe, disfruto de nuevo con algunos de sus pasajes y me digo que, una vez más, prefiero la ficción a la jodida realidad que nos espera cada mañana agazapada a la vuelta de la esquina.

Aunque, en el fondo, terminen contándonos lo mismo.

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3 comentarios sobre “Pequeña África bilbaína

  1. Gracias a ti por el buen rato que me has hecho pasar. Y ya que te pillo por aquí, felicitarte por otra de tus novelas con la que también disfruté, nada jocosa en ese caso: Shamarán.

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