De retretes y contables

Collage-Ley-Seca

Joe abarcó el cuarto con la vista: tenía la ruleta a su espalda y la mesa de dados bajo las escaleras, contra la pared. Contó tres mesas de blackjack y una de bacarrá. En la pared del fondo había seis máquinas tragaperras. El servicio de comunicaciones consistía en una mesita baja con una docena de teléfonos y, detrás de ellos, un tablón con los nombres  de los caballos de la carrera número doce de anoche en Readville. En la única otra puerta, aparte de aquella por la que habían entrado, lucía una letra R, de retrete, trazada con tiza, lo cual tenía toda su lógica,ya que a la gente le da por mear cuando bebe.

Pero también era cierto que, al atravesar el bar, Joe había visto dos cuartos de baño que ya cubrían esa necesidad. Y el retrete en cuestión estaba cerrado a cal y canto. Le echó un vistazo a Brenny Loomis, que estaba tirado en el suelo con la mordaza en la boca, pero al quite de lo que pudiera pasar por la cabeza de Joe. Este observó que en la de Loomis también se desarrollaba cierta actividad. Y confirmó lo que había intuido nada más ver el candado: no se trataba de un baño.

Era la sala de contabilidad.

La sala de contabilidad de Albert White.

Vivir de noche, Dennis Lehane

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