Inframuriendas

Todo esto era antiguamente territorio lolailo. En la actualidad, los nativos calós se concentran en un par de manzanas; el resto se lo reparten, en extraña armonía, negros, moros, payoponis y chinos en un crisol de culturas difícilmente superable. Los musulmanes se concentran mayoritariamente al principio -o final, según se mire- de la calle de las Armas. Será que el pasado tira lo suyo y, tal vez sin saberlo, se fueron reuniendo en torno al cementerio árabe hallado en la plaza de santo Domingo a principios de siglo cuando, en plena faena de sustitución de tuberías, aparecieron decenas de esqueletos dispuestos en posición fetal y mirando a la Meca, como el imán Islam cada vez que le nombras a la de la guadaña.

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Los diferentes tipos de habitantes del barrio también se reparten los bajos de los edificios en función de su nacionalidad o etnia: los moros, peluquerías, locutorios y alguna tiendecita en la que venden semola en sacos de veinte kilos; los chinos, bares y bazares; los gitanos y negros, no ejercen comercio alguno, al menos de un modo visible; y los payoponis, a pesar de su estatura, se limitan a jugar a voleibol en una pista improvisada en un solar abandonado en el que curiosamente, alguien ha colgado un cartel que dice “Esto no es un solar”.

Se nos está haciendo tarde: el mocoso de ayer nos dijo que podríamos encontrar a Fátima a primera hora y, al margen de lo que por aquí entiendan por primera hora, son ya las diez y me temo que podamos quedarnos de nuevo sin ver a la viuda de Ali. Afortunadamente, cuando nos acercamos a su portal tras haber decidido que podemos empezar la visita y posponer el registro para cuando llegue Rubén, vemos cómo el secretario dobla una esquina a unos cien metros de la vivienda y acelera el paso al reconocernos.

Sara le apremia todavía más dando unas palmaditas como quien llama al sereno. Rubén tuerce el gesto y se frena de golpe en señal de protesta.

-Claro, como vosotros vais a todas partes motorizados… Dependiendo del transporte público os querría yo ver, que con los últimos recortes en Justicia ni vehículos oficiales -salvo que tenga que ir el juez a hacer la compra- ni hostias.

-Haber elegido otra profesión, no te jode…

-Venga, chicos -trato de poner paz-, dejad de hacer manitas, ya tendréis tiempo más tarde y vamos ahora al tajo, a ver si se nos larga la Fátima y perdemos la mañana aquí.

Rubén sonríe; Sara, no precisamente, como era de esperar. En cualquier caso, consigo que dejen sus cosas de lado y podemos, por fin, enfrentarnos a las cuatro plantas sin ascensor que nos separan de la vivienda de Muhammad Ali.

Vivienda es decir mucho. Infravivienda le va grande. Dejémoslo en “lugar infecto que haría acogedoras las mazmorras de la Santa Inquisición”.

Fragmento de la segunda de mis novelas -todavía en fase de redacción- protagonizada por Ulises Sopena. Si quieres leer la primera, Cuestión de galones, puedes acceder a todos los puntos de venta (Amazon, IbookStore, Smashwords, Edibooks, Corte Inglés, Grammata…) desde la web de la editorial, en la que también lo podrás comprar en formato epub sin anticopia DRM. PVP: 3.99 euros.

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