¿Tú también leíste el Quijote a los trece años?

Este fin de semana leía un tuit que de inmediato captaba mi atención, lo cual es mucho decir en una red social en la que los mensajes recibidos son un continuo visto y no visto: o estás frente al móvil (o tablet u ordenador) en el momento adecuado o la información pasa desapercibida y puedes perderte contenidos tan dolorosamente divertidos como el que nos ocupa.

Y digo “dolorosamente divertidos” porque uno no sabe muy bien si reír ante el ingenioso descaro de la librera o llorar ante la búsqueda de los padres y su niña. Vale, te estoy liando, así que será mejor que leas la información en cuestión (especial atención a la edad y estudios de la criatura) y luego vuelvas aquí. Se trata de un texto breve titulado “¿Tiene una versión adaptada del Quijote? Es para mi hija”

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El Quijote ideal para ciertos estudiantes de Filología

¿Ya lo has leído? ¿Ya estás de vuelta? Continuamos, entonces.

Pues eso, que leía ese post y, tras las risas y los llantos me venía a la cabeza ese asunto recurrente de cómo animar a los críos a que lean más y vean menos tele o no jueguen tanto a la Play (alternativas de ocio mucho más atractivas para chavales de cierta edad, vaya por delante). Y pensaba también en el Quijote, y en cómo un profesor de cuyo nombre sí quiero acordarme -don Carlos Lasierra- nos hizo leer a varias generaciones de estudiantes de aquella EGB de la teoría de conjuntos -mediados de los años setenta- y a la tierna edad de doce o trece años las aventuras del ingenioso hidalgo. Las auténticas, no las adaptadas para estudiantes de filología.

Y uno, que era un ingenuo y un mandao y en aquel tiempo hacía lo que le decían en el colegio, se puso a la tarea con ganas. Y leyó varios capítulos, bastantes, si bien no entendía la mitad de lo que allí se narraba. Y cansado al fin, pasó a que hermanos mayores e invitados le leyeran otros capítulos para, a continuación, realizar el preceptivo resumen de los mismos en un cuaderno de espiral.

Porque esa es otra: a final de curso estábamos obligados a entregar a don Carlos un cuaderno de espiral con el resumen del Quijote capítulo por capítulo.

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El Quijote original, apto para estudiantes de EGB

Y leí y leí, sobre todo los fines de semana, hasta que descubrí por qué otros compañeros volvían los lunes a clase con mejor cara que yo: porque todos -TODOS- habían recurrido a ese conocido un año mayor que todos teníamos y que ya había pasado por semejante trance. Y ese conocido un año mayor les había prestado e resumen que un año antes le había tocado hacer. Y esos compañeros míos se limitaban a resumir el resumen y pasar a continuación a otros quehaceres menos ingratos que leer el Quijote -original- con trece años. Y como quiera que el proveedor del resumen en cuestión había recurrido al mismo truco un año antes, lo que terminábamos entregando a final de curso era un resumen de un resumen de un resumen… del Quijote original.

Don Carlos, que sabría de literatura pero no de cómo incentivar la lectura, lo intentó -imagino que no a idea, pero lo intentó- aunque no lo consiguió, y casi cuarenta años después de aquello sigo disfrutando con los libros. Como si nunca hubiera leído una versión original del Quijote -parte de ella, el resto ya sabes: el resumen del resumen del resumen…- a los trece años.

Tal vez porque dos años más tarde, ya en el instituto, encontré el antídoto adecuado en forma de otro profesor de literatura -profesora en este caso- que sí sabía cómo hacer deseable eso tan trabajoso de leer un libro. ¿Su nombre? Doña Carmen Sender -sí, la hermana del Ramón J. del bandido adolescente, por poner un solo ejemplo-, pero esa ya es otra historia, ¿no?

Así que cuando esa librera de una ciudad de provincias de tamaño medio del post que ha dado lugar a este otro reciba a unos padres buscando una versión adaptada del Quijote para su adorable hijita ya sabe dónde debe remitirles: a un barrio de Zaragoza en el que encontrarán tantos resúmenes de resúmenes de resúmenes como estudiantes pasamos por las aulas de un colegio en el que impartía clases de literatura un profesor de literatura de cuyo nombre sí he querido acordarme.

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3 comentarios sobre “¿Tú también leíste el Quijote a los trece años?

  1. No me río. No lloro. No me indigno. Me cabreo profundamente, como siempre que veo la cara de ese Wert nombrado ministro de “educación”. A la universidad estamos llevando a los niños (digo bien: ÑINOS y si quieren, por aquello del feminismo, NIÑAS, pero lo digo por su edad mental. No digamos ya la de sus padres) estúpidos. Menos mal que, conociendo a sus padres, puedo afirmar que Bonnie and Clayde llegarán a la Universidad con todas las palabras. ¡PALABRAS!
    Es “muy gordo”. ¿Rechazará su madre alguna otra cosa “gorda”? ¡”El Quijote” es “muy gordo”! ¿Será posible? ¿Han analizado sus padres lo gordos que son los anuncios en la televisión? ¿Han sopesado sus padres lo gordos que son los ministros, los monseñores, los jefes de gobierno, los…? (y lo de “gordos” en este último caso es una metáfora).
    Cuando yo era muy jovencito (no tenía “uso de razón”, todavía no se si la tengo) el maestro nos hacía leer (obligatoriamente) todos los días un párrafo de El Quijote. A continuación cantabamos aquello de el “Cara al Sol”. Odie el himno toda mi vida (lo sigo adiando) y odie El Quijote durante una gran parte de mi vida, hasta que en la Universidad lo leí (con toda su “gordura”) y me pareció genial, no así el himno que lo acompañaba lamentablemente.
    Señores padres de la criatura: si El Quijote es “gordo” que lo lea su hija y si no que vea la tele, seguramente que en este mundo de mierda con la tele trifunfará, no así con El Quijote.
    ¡Lamentable!
    Gracias amigo Ricardo

  2. No te alteres tanto, Enrique, no merece la pena. Yo me quedo con la respuesta magnífica de la LIBRERA (sí, con mayúsculas) cortante y pelín borde como la ocasión requiere:
    “Miren; si quiere leerselo que se lo lea y si no, pues ella verá; pero para leerse una adaptación que vea la pelicula, es lo mismo.”
    O la serie de dibujos animados -añado yo- por si la película también le parece muy gorda.
    Lo de los padres yendo a comprar el libro para la niña de 18-19 años, para nota.

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