Las enigmáticas manos de Kalman Teller

las manos de kalman tellerSiendo el holandés Jager Havix un detective especializado en arte, es lógico que las dos primeras investigaciones que Gauke Andriesse le hizo protagonizar –Las pinturas desaparecidas y Silencio– tuvieran que ver directamente con ese mundillo que tan buen resultado suele dar el literatura por el juego que puede dar en cuanto a intrigas, ambientación histórica, mezcla de personajes ficticios con otros reales…

Así que cuando llega la tercera de la serie –Las manos de Kalman Teller, premio a la mejor novela negra del año de los Países Bajos- uno espera más de lo mismo, lo cual ya estaría bien pues las dos novelas anteriores muestran un nivel de notable alto. Sin embargo, la sinopsis del libro ya te indica que los tiros van a ir por otro sitio, que el bueno de Havix va a tener que introducirse en otros ambientes en los que, seguro, no se encuentra tan cómodo por resultarle desconocidos y uno se cuestiona si sabrá desenvolverse con soltura en ellos.

La respuesta es sí, incluso diría que el notable alto se acerca ya al sobresaliente.

En esta ocasión, Havix es contratado por un enigmático y millonario individuo, Kalman Teller, único superviviente en Auschwitz de entre todos los miembros de su familia, algo que algunos atribuyen a su buena suerte y otros muchos -las inevitables malas lenguas- a su actitud colaboradora con los responsables del campo de exterminio. ¿Sus características distintivas? La casi enfermiza pasión por el mundo del petróleo y sus manos horriblemente mutiladas que siempre trata de ocultar.

El encargo recibido tiene que ver con una de sus antiguas colaboradoras, Mira Roes, y la operación quirúrgica que le dejó, diez años atrás, graves secuelas de las que no se ha recuperado y por las que no ha conseguido percibir una mísera indemnización, supuestamente como consecuencia de las íntimas y fraternales relaciones entre responsables de la sanidad privada y los diferentes estamentos judiciales del país, abogados, procuradores, jueces y, si me apuras, hasta el último celador de cualquier juzgado de guardia.

Si a eso le añadimos el peso de la industria farmacéutica holandesa -tanto en su aspecto médico como en el cosmético-, una intriga muy bien administrada y una historia paralela -o no tanto- en la que el protagonista es uno de los mejores amigos de Havix a quien se acaba de diagnosticar una mortal enfermedad en fase terminal -atención al efecto “matrícula de honor” que el autor consigue cuando decide introducir este elemento en la trama- y que da lugar a profundas y acertadas reflexiones acerca de cómo afrontar la muerte -aquí sale el gusto del detective por el budismo- lo que tenemos como resultado es una apasionante historia que, me da en la nariz, contiene todos los elementos suficientes y necesarios para conquistar a un público más amplio que el constituido por los más adeptos al género negro sin por ello decepcionar en absoluto a estos.

Como fondo, el indudable atractivo que supone para Havix -y para el lector, por supuesto- el enigmático Teller y sus manos, lo que obligará a nuestro investigador a bucear en su pasado aferrándose a los pocos elementos del presente que le pueden proporcionar algo de información sobre él.

Y como guinda a tan suculento pastel, un sorprendente ¿desenlace? que cierra una de las puertas de la historia dejando abiertas de par en par todas las demás. Para saber qué puerta se cierra y cuáles se abren, ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no?

Las manos de Kalman Teller
Gauke Andriesse
Trad.: Julio Grande Morales
Alianza Negra

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