Un atraco, un depósito, una vajilla

vajilla

Cubiertas sus respectivas facciones con los pasamontañas, con la moto estacionada ante la puerta de la sucursal bancaria, Rómulo el Guapo y Johnny Pox hicieron su entrada en el local cuando no había ningún cliente, empuñando en una mano una bolsa de plástico y en la otra la pistola. Sin mediar palabra, los empleados llenaron las bolsas de billetes y monedas, mientras el director de la sucursal (el señor Villegas) instaba a sus subordinados a cooperar para evitar una matanza. En menos de un minuto, el atraco se había consumado. Estaban saliendo cuando Johnny Pox se detuvo ante el anuncio de una vajilla de seis servicios y preguntó si no se la iban a llevar.

—No —dijo Rómulo el Guapo—, el plan consiste en darse a la fuga sin tardanza.

—Pero, hombre, Rómulo, ¿tú has visto qué vajilla? ¡Es divina!, ¡divina!

—Johnny, éste no es momento para salir del armario.

En este punto intervino el señor Villegas para explicar que la vajilla era un obsequio destinado a quien constituyera un depósito a seis meses por una suma superior a dos mil euros.

—Vaya —suspiró Johnny Pox—, ¿y de dónde saco yo tanto dinero?

El enredo de la bolsa y la vida, Eduardo Mendoza

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