12 años, 12 libros: “Los muchachos de la calle Pal”

A finales de 2013 me planteé un objetivo de lectura: aprovechando que en 2014 cumplo 50 años, releer 12 de las novelas leídas antes de los 12 (más o menos) que consiguieron aficionarme a la literatura de por vida. La relación completa de los títulos a leer la tienes aquí, conforme vaya superando etapas iré publicando un breve comentario en este blog. Esta es una de ellas.

palLos muchachos de la calle Pal, Ferenc Molnár

Un solar para un muchacho de ciudad representa la estepa, el brezal, la llanura, la infinitud, la libertad. Algo que nunca comprenderán los chavales de campo acostumbrados a los grandes espacios abiertos de los que pueden disfrutar casi sin salir de sus propias casas.

Lo dice -con mejores palabras- Ferenc Molnár en este auténtico clásico de la literatura europea -y no solo de la literatura juvenil sino de la que no tiene edad- que leí de crío y vuelvo a releer casi cuarenta años después. Y lo primero que me sorprende es comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido entre ambas lecturas, recuerdo sin dificultad el nombre de todos y cada uno de los personajes de la historia y el papel que cada cual desempeña en la misma: Boka -presidente de los muchachos de la calle Pal en tiempos de paz y su general en tiempos de guerra-, Konay, Barabas, Csonakos y sus ensordecedores silbidos, Gereb, Nemecsek, los temidos hermanos Pasztor y su justo, noble e implacable jefe Franz Ats…

Lo segundo que me sorprende es ver que el escenario de la novela, el campo de batalla, el lugar en el que unos niños se comportan como adultos -imitando sus actitudes grandilocuentes alternadas con gestos más adecuados a la edad que tienen- se me antoja tan cercano como cuando yo también era un chaval, a pesar de que la novela transcurre en Budapest y yo crecí -y vivo- en Zaragoza, a pesar de que casi un siglo separa la ficción del libro de la realidad de mi infancia.

Lo tercero -aunque tal vez no lo último-, que de nuevo apenas soy capaz de reprimir una lágrima por el bueno de Nemecsek en ese desenlace tan conmovedor con el que se cierra esta novela épica, de amistad, de crecimiento personal de unos críos que deben perder la inocencia a la fuerza, como suele suceder.

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Los muchachos de la calle Pal tienen su escultura en Budapest. En primer plano, los temidos hermanos Pasztor

Una novela, por tanto, más “profunda” de lo que se espera para algo destinado a niños o jóvenes, escrita con un lenguaje muy cuidado y que salpica esos momentos que te obligan a reflexionar con anécdotas que te hacen sonreír, como ese Club de la Masilla (por la pasta utilizada por los vidrieros) cuyos estatutos obligan a sus miembros a masticarla por turnos para evitar que se endurezca o esa facilidad y pragmatismo con la que los chavales cambian los colores de algo tan sagrado como parece ser una bandera modificando de un plumazo los artículos del Código correspondiente en que se indica cómo debe ser.

Y un solar, el de la calle Pal, el territorio a defender o conquistar, codiciado por bandos irreconciliables al ser algo escaso cuya posesión todos quieren para sí aunque pueda incluso llegar a costar vidas humanas en una lucha que, finalmente, se revelará como inútil.

¿Te suena esto?

Una novela simplemente genial. Magistral.

Termino con unas líneas que Ferenc Molnár dejo escritas en su biografía sobre su novela más conocida.

Los muchachos de la calle Pal es el libro al que más cariño le tengo; lo publiqué por partes a lo largo de 1906 en los folletines de una revista para jóvenes editado por mi viejo profesor, el doctor Kornél Rupp. En aquellos tiempos, por supuesto, yo no era considerado un escritor de peso, por eso escribía a ratos por las tardes en la galería del Café Művész del Gran Bulevar. El cajero me mantenía bajo su estricta vigilancia y casi me arrancaba de las manos las hojas manuscritas. Me gustaba trabajar en la galería por el silencio que reinaba allí, pues aparte del habitual bullicio del café y el incansable son de una banda militar nada me molestaba. En ese tranquilo lugar recordaba mi infancia, cuando aún estudiaba en el Liceo Reformado de la calle Lónyay y existía el terreno en la calle Pál, como un sueño. Aunque la novela es producto de mi fantasía, sus personajes existieron. Eran mis compañeros de escuela, de los que dos siguen siendo muy amigos míos: el dibujante Jenő Feiks y el escritor Árpád Pásztor”.

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5 comentarios sobre “12 años, 12 libros: “Los muchachos de la calle Pal”

  1. Simplemente genial. Lo he llevado en el pensamiento desde que tenía como 13 años y leí la historia, mínimo en 3 ocasiones. De mis mejores recuerdos y uno de los mejores libros en mi opinión, que he leído. Gracias por la reseña, compartimos ese gusto y enamoramiento por los libros.Con una niñez y adolescencia un tanto dolorosa y difícil los libros eran mi escape de la realidad.

  2. En efecto, como dice Judith Serrano, aunque uno tenga dificultades en su niñez, hay libros que en verdad lo acompañan a uno. Los Muchachos de la Calle Pal es uno de esos libros, porque muestra niños con dificultades, pero con raíces. Tienen familia, tienen hogar, tienen un barrio que aman, una escuela. No huyen de las dificultades, las enfrentan valientemente, con gran esfuerzo, y además, con cultura ciudadana – en su enfrentamiento no usan armas letales.

    En contraste, Harry Potter no tiene familia, no tiene barrio, no tiene raíces de ninguna clase.y todo lo soluciona con la magia, así que no tiene que esforzarse en absoluto, sólo aplicar la magia correctamente. El esfuerzo de largo plazo no existe.
    El éxito financiero de Harry Potter es injusto, porque enseña al niño que no se debe trabajar por mucho tiempo, con esfuerzo, sino conseguir todo lo más rápido posible, y por eso muchos jóvenes de hoy buscan el dinero fácil, un padrino poderoso o una esposa con plata.
    Me quedo mil veces con los muchachos de la calle Pal.
    Felicitaciones a quienes administran este magnífico blog.

  3. El libro es impresionante lo mires como lo mires. Una pena que hallamos cambiado a Verne y a Twain por Jerónimo Stilton

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