Mujeres acostumbradas al tacto de la carne y el olor de la sangre

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«Imaginemos que alguna de sus compañeras de trabajo —aventuró Imai — se apiadó de ella y la ayudó a deshacerse del cuerpo.» Las mujeres eran capaces de hacer algo así. De hecho, parecían tener una cierta afición a descuartizar cadáveres. Imai había leído varios informes sobre sucesos anteriores y había llegado a la conclusión de que la mayoría de casos de mutilación tenían dos características comunes: la primera era el origen aparentemente azaroso del asesinato, y la segunda la solidaridad femenina.

Cuando una mujer cometía un crimen no premeditado, su principal preocupación residía en qué hacer con el cadáver, puesto que no solía ser lo bastante fuerte para moverlo sola. Por eso en muchas ocasiones optaban por descuartizar el cuerpo. También se habían dado casos de varones que habían descuartizado a sus víctimas, pero en su defecto para ocultar la identidad de la víctima o porque el propio acto de mutilar les causaba una especie de placer animal. Las mujeres, en cambio, lo hacían simplemente porque no podían transportarlo entero. Ésta solía ser la prueba de que el crimen no había sido premeditado. Recordaba el caso de una mujer de Fukuoka que, después de matar a una compañera, confesó a la policía que había decidido descuartizar el cadáver al verse incapaz de sacarlo entero de su casa.

También era corriente que mujeres que vivían experiencias parecidas se convirtieran en cómplices de la asesina, impulsadas por una especie de compasión. Hubo un caso en que una madre había considerado justo que su hija matara a su marido violento y borracho, y por ello la había ayudado a descuartizar el cadáver. En otro caso, una mujer había ayudado a matar al marido de su amiga y ambas se habían encargado de descuartizarlo y tirarlo al río; incluso tras su detención se mostraron convencidas de que habían llevado a cabo un buen acto. Como pasaban largas horas en la cocina, las mujeres estaban más acostumbradas que los hombres al tacto de la carne y el olor de la sangre. Además, eran diestras en el manejo de los cuchillos y sabían qué hacer con la basura. Y, quizá porque tenían la capacidad de dar a luz, mantenían una relación más directa con la vida y la muerte. Su mujer, sin ir más lejos, era un buen ejemplo, pensó Imai.

Fragmento de Out, Natsuo Kirino

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