Carta abierta a un editor: ¿que el saber no ocupa lugar, dice?

Estimado señor editor:

Todavía recuerdo aquellos duros años en que los blogueros especializados en temas literarios éramos vistos por las editoriales como unos aprovechados que lo único que pretendíamos era conseguir nuestra necesaria dosis de lectura by the face, por la cara, gratis total.

No le hablo del siglo pasado -a pesar de que todavía lo tenemos a la vuelta de la esquina-, qué va, me remonto a, como mucho, la primera mitad de la primera década de éste, pongamos años 2003 o 2004, por ejemplo.

Lo recuerdo perfectamente, insisto, porque por aquel tiempo -mayo de 2003- decidí abrir mi primer blog en serio, La Balacera, dedicado a informar puntualmente sobre la actualidad del género negro y que, con el paso de los meses, comenzó a incorporar “producción propia”, léase “reseñas de novedades editoriales”.

robalibros

Al principio, sin planificación alguna, aquellas eran reseñas de novelas que caían -previo pago- en las manos de este su seguro servidor. Con el tiempo, me dije: ¿y si yo me atreviera a pedir un ejemplar promocional a alguna de mis editoriales de referencia? Si las revistas impresas lo hacen… Perdón, si a las revistas impresas se los hacen llegar sin petición previa…

Superado el inicial pudor, allá que me lancé, obteniendo la callada por respuesta en la mayoría de los casos y un cierto interés indulgente en unos pocos. Pero bueno, era un primer paso, había que darlo y se dio.

No hizo falta mucho más, la verdad sea dicha: a alguien de algún departamento de prensa de alguna editorial se le ocurrió que los blogs podían ser un buen medio de promoción de sus lanzamientos, que por el coste de un ejemplar más gastos de envío podían conseguir una reseña -el peligro estaba en que ésta fuera negativa, pero quien no arriesga no gana- que leerían varios cientos o miles de aficionados al género en cuestión y que, además, sería vista como algo más independiente, más desinteresado que la típica publicidad pagada en las antes citadas revistas impresas o esos previsibles y elogiosos comentarios que una novela, digamos de Alfaguara, conseguía en un prestigioso suplemento semanal, digamos de El País.

¿Iba a poner mal Babelia una novela publicada por una empresa del mismo grupo editorial? Hummmm…

llueven libros

Las cosas cambiaron de un modo radical en muy poco tiempo, de la gran sequía a la gran remojada, la tempestad que sigue a la calma. Como recuerdo también la primera vez que un editor -o responsable de prensa de una editorial- me llamó prescriptor y casi tuve que buscar la palabra en el diccionario: los blogueros habíamos dejado de ser unos jetas para convertirnos en una pieza indispensable en cualquier lanzamiento editorial, nuestra voz era requerida ¡requerida! y los ejemplares -no uno, los que necesites, corazón, como si quieres uno para ti y otros dos para sortear entre tus lectores- comenzaron a llovernos y llegarnos como agua de mayo pero todos los meses del año.

Y se agradece, de veras: por la lectura gratis -en parte tenían ustedes razón, ya me perdonarán el descaro- y por la confianza depositada en unos humildes blogueros.

Y ya me perdonarán también todas estas digresiones o elucubraciones mentales hasta llegar al motivo central de mi misiva. Porque, vamos a ver, desde la existencia de los medios electrónicos -y ya ha llovido lo suyo-, ¿los editores acarrean de un lado a otro montones de folios encuadernados con canutillo -los originales enviados por los aspirantes a escritores publicados- o piden, por favor, el correspondiente archivo digital para poder ir leyendo -y valorando las posibilidades de edición- de un modo más cómodo y eficaz?

ebooks

¿No sería razonable que a los blogueros -prescriptores, la palabra la pusieron ustedes, no yo- nos tratasen como a profesionales en todos los aspectos? Porque dicen que el saber no ocupa lugar, pero quien lo dijo no recibía varias novelas cada semana -que no me quejo, oigan, no me vayan a cortar ahora el suministro- y esa aseveración solo sería cierta si el saber viniera empaquetado en millones pero diminutos bits almacenables en un ereader, por ejemplo.

¿No sería posible que -ya que muchas novelas ya salen de serie con su versión electrónica- se nos ofreciera la posibilidad de recibirla en este formato? Y no hablo de pdf’s, por favor, hablo de formatos legibles, epub o mobi sin ir más lejos. ¿O es que temen que, de enviárnoslas en estos formatos -y sin anticopia, por favor, seamos serios- vamos a ponerlas de inmediato a disposición de cualquiera en la primera web de descargas gratuitas que se nos ponga a tiro?

Amamos los libros, recuérdenlo, nunca lo haríamos (otros lo harán, en cualquier caso, por muchas precauciones y DRM’s que adopten).

Papel o ebooks, vaya. Personalmente, me apuntaría de cabeza, la conservación y cuidado de mi apellido lo agradecería y las estanterías de mi casa, también.

Atentamente,

seguirengplus

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Carta abierta a un editor: ¿que el saber no ocupa lugar, dice?

3 comentarios en “Carta abierta a un editor: ¿que el saber no ocupa lugar, dice?

  1. En la vida del primer Liberty, salvo algunos conocidos, solo me enviaron un ejemplar de una novela recién publicada, sin haberla solicitado, y creo que fue por mediación tuya, con el compromiso de hacer un comentario. Lo hice, pero era muy negativo. No volvieron a enviarme más, ni esa editorial (da igual cual fuera) ni ninguna otra. Y los conocidos dejaron de enviar también, en cuanto desapareció Liberty.
    Nunca me ha preocupado, pues nunca he solicitado nada. Ahora, desde la reaparición de Liberty, no escribo sobre nada recién aparecido. Entre otras cosas porque considero a las editoriales pero comercio, y del malo, es decir, del que solo, repito, solo, buscan beneficios, importándoles una mierda la calidad de aquello que publican. Hay honrosas excepciones, por supuesto.
    Me ha gustado la perífrasis empleada para solicitar que te envíen los ejemplares en formato digital.
    Enrique

    1. Como bien dices, la finalidad única de la mayoría de las editoriales es la de vender ejemplares, aunque hay honrosas excepciones que, sin renunciar a ello (evidentemente) sí tienen cuidado con lo que publican.

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