Pamplona Negra, una primera edición superada con sobresaliente

Dicen que la primera edición de cualquier evento permite, entre otras cosas, aprender de los errores cometidos para mejorar en siguientes entregas. Los responsables de Pamplona Negra van a tener que buscar otra fuente de aprendizaje porque el funcionamiento en el debut del que se ha convertido en primer festival de año -por ubicación temporal, en pleno mes de enero- ha sido, simplemente, perfecto.

Por cuestiones de trabajo, sólo puedo asistir a las dos últimas jornadas, llegando justo a tiempo para presenciar la mesa redonda de autores vascos y navarros en la que se tocan temas ciertamente interesantes para el lector. Una mesa a las cuatro y media de la tarde en la que participan los escritores Carlos Erice, Javier Abasolo, Jon Arretxe Alejandro Pedregosa a quienes intenta moderar -difícil misión- Carlos Bassas, director del festival.

Y la primera sorpresa es la asistencia de un público muy numeroso -recordemos, son las 16.30, hora más adecuada para cualquier otro menester- y, sobre todo, participativo, con lo que la mesa redonda se convierte en una tertulia amena entre los cinco del escenario y los muchos más del patio de butacas.

navarros y vascos

A continuación, entra en juego Juan Ramón Biedma -que, en días anteriores, ha impartido un taller literario para el que se agotaron las plazas disponibles- para repasar su trayectoria en el género negro, en su particular modo de entender el género negro, siempre lleno de deformidades -no solo sociales, también físicas- y locuras varias. Todavía más público que antes, son ya las seis de la tarde y se nota.

Pero el plato fuerte, con un salón completo con unas 400 personas, llega con la intervención de la jueza de intrucción Mari Paz Benito dentro de la sección El crimen a escena por la que ya han pasado cuerpos policiales y forenses. La jueza se mete en el bolsillo al respetable desde el minuto cero y nos cuenta, con pelos y señales, un caso real sucedido en 2004 que arrancó con el hallazgo de un cadáver semidesnudo justo al lado de la frontera con Francia, una exposición que nos deja boquiabiertos y con ganas de ver otro episodio, pues parece que acabemos de salir de la proyección del capítulo de una muy buena serie criminal.

Por la noche, pintxos y potes con autores y organizadores, no entraremos en detalles para no vulnerar en derecho a la intimidad -la jueza no ha venido para extender la diligencia que lo permita- de los allí presentes. De todos modos, creo que hay testimonio gráfico en varias redes sociales para escarnio de muchos de nosotros que no mostrábamos, precisamente, nuestra mejor imagen.

El viernes por la mañana toca encierro y dirigidos por Carlos Bassas y acompañados por varios de los que por la tarde participarán en la mesa redonda –Alexis Ravelo, Víctor del ÁrbolLeo Coyote, que Santiago Álvarez y Paco Gómez no somo na Escribano se incorporarán ya a la hora de comer- salimos del hotel, nos internamos por Mercaderes, ningún toro se separa del grupo y conseguimos no resbalar en la curva de Estafeta. Turismo, vaya, que es lo que toca.

varios autores

Y por la tarde, tras la comida, la charla de los arriba citados, otra vez con gran asistencia de público y en la que, como destaca uno de los asistentes, impera el buen humor de unos escritores consagrados, en su faceta literaria, a mostrar la cara más negra y perversa de la sociedad.

Tras ellos, la proyección de La caja 507 y, a continuación, el privilegio de recibir una charla magistral por parte de Michel Gaztambide, guionista de la película, que nos habla de lo responsables que todos hemos sido -por mirar a otro lado- de lo que ahora está sucediendo en la política y economía española, que nos muestra los recortes de prensa de los años 92 a 99, repletos de escándalos y que sirvieron de base para el rodaje, que nos cuenta como el entrenador Héctor Cúper era la imagen que veían cuando pensaban él mismo y Urbizu -el director- en el Rafael Matas interpretado por Coronado, que nos confiesa cómo Modesto Pardo fue desde el principio, Jack Lemmon y, en su ausencia, su equivalente español, Antonio Resines.

Pero no se vayan todavía porque aún hay más. Y es que, antes de que podamos levantar el culo de nuestros asientos, Carlos Bassas nos anuncia que ha aparecido un cadáver en el vestíbulo del Palacio de Congresos Baluarte en el que se ha desarrollado el festival a lo largo de toda la semana. Un cadáver a los postres, vaya, y el ruego de que todos colaboremos -si no queremos tener problemas- con la Policía Foral de Navarra que está tratando de encontrar al asesino entre el patio de butacas. La Científica, con la zona acordonada, busca y recoge indicios, analiza trayectoria de las balas, examina nuestras ropas en busca de restos de sangre y el culpable es… El culpable es esposado y conducido a los calabozos, y hasta aquí puedo escribir.

policia

Claro, estar en el norte y no cenar en una sociedad gastronómica no sería posible, así que esa es la sorpresa final que la organización nos tiene reservada a los autores participantes y a los asistentes que han tenido el detallazo de invitar: los escritores locales han decidido cocinar para todos en la Peña Anaitasuna, a la que nos dirigimos, en la que daremos cuenta de un suculento marmitako entre otras viandas y de la que no saldremos hasta altas horas de la madrugada. Pero eso, por supuesto, ya es otra historia que no contaré aquí.

El sábado amanece con el frío que nos ha acompañado estos día que se compensa con la calidez de todos los asistentes y anfitriones. Tenemos que abandonar el hotel, entonamos el pobre de mí, que se ha acabao el Festival de Pamplona Negra, nos despedimos con besos y abrazos y nos disponemos algunos a marchar y otros a continuar por aquellas tierras gentileza de Jon Arretxe que invita a bocadillo de txistorra en su pueblo.

Pero antes, Javier Manzano nos pide a Marta Marne, Sergio Vera de Casas Ahorcadas y un seguro servidor, que hagamos balance para Radio Fiat Lux, grabación que, si lo deseas, puedes escuchar aquí.

Cierro esta breve crónica dando la enhorabuena a Carlos Bassas -director del Festival- y resto del equipo por la perfecta organización y agradeciendo de corazón el cariño que los asistentes hemos recibido desde el primer al último segundo de nuestra estancia en Pamplona.

Nos vemos el año que viene.

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