Mi alfabeto del crimen: M de Márkaris, Petros

PETROS-MARKARISPetros Márkaris, griego nacido en Estambul el 1 de enero de 1937, hijo de armenio y griega, durante años no tuvo nacionalidad alguna (cosas de pertenecer a la minoría armenia), obteniendo la griega tras la caída de la Dictadura de los Coroneles, en 1974. Especialista en cultura alemana, dramaturgo y traductor de la obra de Bertolt Brecht, Thomas Bernhard, Goethe o Arthur Schnitzler. Y escritor de novela policiaca, claro. Y padre del comisario Kostas Jaritos, por supuesto.

Jaritos debuta en 1995 en la novela Noticias de la noche, editada en España por Ediciones B en 2000 (mi primer encuentro con el comisario, flechazo a primera vista) y reeditada por Tusquets en 2008. Después vendrán Defensa cerrada, Suicidio perfecto, Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos (no protagonizados por el policía ateniense amante de los tomates rellenos cocinados por su esposa Adrianí), El accionista mayoritario, Muerte en Estambul y las tres que componen la llamada trilogía de la crisis: Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación, libertad a las que se sumará en breve una cuarta entrega, Hasta aquí hemos llegado (abril de 2015).

Jaritos es el policía familiar por antonomasia, el que se desvive por su Adrianí, por su hija Katerina y su yerno Fanis, el que se rodea por un equipo fiel (Vlasópulos, Dermitzakis, su secretaria Kula o el periodista Sotirópulos), el que nunca perderá el contacto con su amigo Zisis, comunista de los de toda la vida a quien conoció cuando lo mantuvo encarcelado décadas atrás.

Odia el tráfico de la ciudad y se mantiene unido a su Mirafiori hasta que éste no puede más y debe comprar un vehículo nuevo. ¿Cuál? Pues un Ibiza, que para eso es español y los españoles las están pasando casi tan putas como los griegos. Solidaridad entre pueblos.

Amante de la buena (y casera mesa), crítico con todos, con griegos y alemanes, con la gente guapa del socialismo heleno que no dudó en abandonar sus principios, con la xenofobia de sus compatriotas hacia otros que están todavía peor, con los descerebrados de Amanecer Dorado… Si la novela negra debe tener un componente social, este es un inmejorable ejemplo de ello.

Dejo aquí, para cerrar esta letra de mi alfabeto criminal, un breve fragmento de El accionista mayoritario en el que Márkaris aporta una de las claves de la situación que atraviesa su país (y algunos otros, no hace falta mirar muy lejos) en estos momentos:

Se merecen un aplauso estos alemanes que han pasado de requisar a alquilar, me digo a mí mismo. Porque nosotros seguimos haciendo lo mismo desde el nacimiento del Estado griego moderno: ponemos en alquiler un piso, un local, un campo o una tienda y vivimos de lo que nos renta. La compañía Olympic vuela con aviones alquilados, los propietarios de taxis los alquilan a conductores y los de autobuses los alquilan al Estado. La renta actual de un griego de clase media procede de alquileres y préstamos.

 

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