Instareseñando mi última lectura: “Ksenia”, de Massimo Carlotto y Marco Videtta

Que pase la siguiente #novelanegra: Ksenia, de Carlotto y Videtta en @NavonaEditor

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Brutal. Despiadada. Cruel. Decadente.

Estos son algunos de los adjetivos que se me ocurren para calificar lo último que nos llega de Massimo Carlotto (de quien me confieso devoto desde que leyera sus novelas protagonizadas por el Caimán o la extraordinaria Hasta nunca, mi amor) a través de una editorial cada día más imprescindible, Navona.

Esta vez lo hace escribiendo a cuatro manos con Marco Videtta la historia de cuatro mujeres, todas ellas abocadas irremediablemente a la venganza:

Ksenia, la protagonista, siberiana de 20 años arrastrada a Roma con engaños por un compatriota chuloputas y vendida a Antonino Barone, un gordo seboso y asqueroso y, por si fuera poco, rey de los usureros de la capital italiana.

Luz, vecina de Ksenia, puta colombiana con una hija en un internado a la que algún día quiere tener a su lado, tal vez cuando deje la profesión.

Eva, propietaria con su marido de una perfumería del barrio donde viven las anteriores. Marido ludópata y endeudado, por cierto, que no dudará en fugarse con la dependienta joven y alocada de turno.

Sara, la más enigmática, la que lleva el deseo de venganza en las venas si bien nunca sabremos por qué.

O sí, tal vez sí, porque Ksenia es la primera novela de una serie titulada Las Vengadoras. Novela vertiginosa en la que todo lo superfluo ha sido eliminado para dejarnos con lo sustancial, que es mucho, condensado en algo menos de 400 páginas.

400 páginas como 400 golpes, imposible no llegar extenuado al final tras ser testigo de tanta depravación moral y económica, de tanta violencia, sumisión, terror ciudadano ante los modos y métodos del clan encabezado por Barone, ese gordo seboso y asqueroso y usurero compinchado con banqueros -otros que tal- para permanecer al corriente del paupérrimo estado financiero de los comerciantes de su zona antes de afilar las garras con las que caerá sobre ellos.

Si en algo aprecias mi criterio, ya te estás haciendo con un ejemplar. Y hasta aquí puedo escribir en esta mi primera instareseña que pretende inaugurar un modo de contar mi impresión sobre algunas de mis últimas lecturas.

P.D.: jamás llegué a imaginar tan gastronómica manera de asesinar.

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