Palop, un pulp con todas las de la Ley

palop

A quien se mantiene fiel a esa máxima que dice que las apariencias engañan le recomendaría leer esta novela de un tal Pascual Ulpiano, evidentemente, seudónimo de un autor de quien no confesaré su identidad ni aunque se me apliquen los persuasivos métodos que despliegan protagonista y secundarios a lo largo de las ágiles y divertidísimas 160 páginas que recogen su primer caso.

Porque uno ve la portada de Palop juega sucio, ¿y qué se espera? Pues eso es lo que encuentra, un pulp con todas las de la Ley, tiros a tutiplén, situaciones rocambolescas, malas mujeres y peores hombres y acción, mucha acción.

Pongámonos en situación: Palop (Florentino de nombre de pila, pero a ver quién tiene huevos de llamarle por él) es detective privado centrado en asuntos de cuernos y conflictos laborales y exagente de La Agencia. Así, La Agencia, un ente que se encarga de limpiar las cañerías del Estado cuando la situación lo requiere. De vez en cuando, Florent… perdón, Palop, recibe algún encargo de su antiguo jefe, a la sazón tan cornudo como él, lo que ya les atribuye una cierta conciencia de clase y, en la medida de lo posible, una empatía poco habitual en un gremio en el que ni hay amigos ni entre los enemigos se hacen prisioneros, simplemente se les da matarile.

Encargos como el de averiguar el paradero de Pilarín, hija de una ministra y un noble, secuestrada por un presunto grupo terrorista transnacional integrado por la friolera de cuatro descerebrados expulsados en su día de sus respectivas asociaciones de malhechores por su alto grado de violencia y su frágil equilibrio mental. Entre ellos, y para abrir boca, Escabetxina, exetarra de pro, lo que llevará a Palop a degustar unos excelentes pintxos en Bilbao y una asquerosa bullabesa marsellesa, todo ello mientras trata de dar con su paradero como vía de acceso al resto de la banda.

Como decía más arriba, siempre sin hacer prisioneros.

Acción trepidante; descripciones, las justas; metáforas acertadísimas. Todo ello para disfrutar a tope y de una sentada, a poder ser sin nadie que te obligue a preparar la cena o sacar el perro a pasear.

Y esto ya para los que peinamos canas o disfrutamos rebuscando en los rastrillos callejeros: ¿recuerdas al incorrecto, violento, machista, despectivo, arrogante e indestructible comisario francés Sanantonio de Frédéric Dard? Pues Palop se da un aire, pero a lo bestia.

Por cierto, genial la portada de Berto Martínez, mis felicitaciones para el artista.

Palop juega sucio

Pascual Ulpiano

Editorial Base

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